Doble cuenta de resultados
“Hoy en día, el uso de bioestimulantes es fundamental”, así comienza Manuel Cortés, quien explica que estos pueden reducir significativamente el uso de fertilizantes químicos y mejorar la eficiencia del abonado. Algo que no solo supone un ahorro en materias primas, sino que también reduce positivamente la huella de carbono.
La visión de Cortés es clara, además de medir la rentabilidad económica de una finca, hay otra cuenta de resultados que analizar: “la que deja el suelo, a través de su regeneración”. En este contexto, los bioestimulantes no solo aportan valor en términos agronómicos, sino que contribuyen a una agricultura más sostenible y alineada con las demandas del mercado actual.
«Cuando el agricultor prueba el bioestimulante y ve resultados,
lo integra en su estrategia sin dudarlo»
Catalizador
Desde BALAM Agriculture se plantea el uso de bioestimulantes como un catalizador, no solo ayudan en la asimilación de nutrientes, sino que también potencian la eficacia de otros tratamientos. “Hemos comprobado cómo la combinación con fitosanitarios puede mejorar su eficiencia”. Además, subraya la importancia de adaptar el uso de bioestimulantes según la época del año y el tipo de estrés abiótico al que se enfrenta el cultivo: “En primavera, por ejemplo, trabajamos mucho con productos como COLIVIUM FORTE de Servalesa, que además de corregir carencias, actúan como bioestimulantes. La clave está en anticiparse al estrés”.
Agricultura profesional y consciente
Uno de los grandes cambios que ha vivido el sector, según Cortés, es el paso del agricultor tradicional al empresario agrícola, “antes, muchos se automedicaban. Hoy el 90% trabaja con asesoramiento técnico”. Para el responsable de BALAM Agriculture, el agricultor es consciente de que, para ser competitivo y sobrevivir en este mercado globalizado, necesita tecnificarse.
“Cuidar el suelo es cuidar el futuro y los bioestimulantes desempeñan un papel clave en esta tarea”. Otra de las principales características de esta herramienta es que activan el sistema radicular, desbloqueando nutrientes que ya están presentes en el suelo y mejorando la actividad microbiana. En consecuencia, maximizan el aprovechamiento de lo que hay, de lo que se aporta y de lo que se aportó hace años. Señala Cortés que es un enfoque acumulativo y regenerativo.
Sin vuelta atrás
El mejor termómetro del éxito de los bioestimulantes está en el propio agricultor, así lo reconoce el responsable técnico de BALAM Agriculture. “Cuando el agricultor prueba el bioestimulante y ve resultados, lo integra en su estrategia sin dudarlo”, y cuando eso sucede el agricultor lo identifica como una herramienta eficaz.

