En términos nominales, se han producido subidas puntuales de los precios en origen de los productos tropicales españoles, pero han sido irregulares y muy condicionados por la oferta disponible. Una oferta que ha estado condicionada por la poca disponibilidad de agua en España, que ha provocado que llevemos cuatro campañas con baja producción, además de por la presión en el incremento del volumen de países como Marruecos, Israel y Chile en el aguacate o de Brasil, Perú y diversos países africanos, en el caso del mango.
En cualquier caso, el incremento de costes ha sido tan intenso y sostenido que ha absorbido cualquier mejora en precios. Se ha notado más en la mano de obra, la energía, los insumos agrícolas, el agua y las certificaciones; además, los costes regulatorios y administrativos han crecido de forma silenciosa pero constante. En muchos casos, el agricultor vende más caro que hace cinco años, pero gana menos y con menos producción por la falta de agua. Es el eslabón que asume más costes, más riesgos y más exigencias sin una compensación proporcional en precio.
En definitiva, no puede hablarse de una mejora estructural ni generalizada para el agricultor, de hecho, nos queda mucho para lograr equiparar el incremento de costes que estamos sufriendo en España a otros orígenes. En nuestro caso los márgenes se han estrechado claramente. La volatilidad ha aumentado y la previsibilidad del negocio se ha reducido, lo que dificulta la planificación y la inversión a medio plazo. En algunas explotaciones incluso no se cubren los costes de producción porque el margen es tan ajustado que no permite afrontar riesgos climáticos, sanitarios o inversiones necesarias para seguir siendo competitivos.
Por si fuera poco, la imagen del agricultor está dañada de cara a la sociedad al ser el eslabón más visible. Falta pedagogía sobre lo que cuesta producir alimentos seguros, sostenibles y de calidad. Habría que explicar más, contextualizar y dar voz al productor con rigor y continuidad. Es imprescindible garantizarle rentabilidad a través de precios justos, estabilidad y reconocimiento social. Acompañarlo, no solo regularlo y facilitar su labor, no complicarla.
Relaciones en la cadena de valor
La asimetría del poder en la cadena sigue siendo evidente y dificulta que los costes reales de producción se reflejen de forma sistemática en los precios. Las centrales de compra tienen un papel determinante ya que han ganado en eficiencia, pero también han intensificado la presión sobre los precios. Por todo ello, es preciso trabajar por obtener un equilibrio en la cadena, con una mayor transparencia en precios, contratos estables y una revalorización real del origen porque sin rentabilidad, no hay sostenibilidad ni relevo generacional. El modelo actual no es sostenible a medio plazo.


