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26 May 2026 | Actualizado 13:42

Revista del Sector Hortofrutícola

Cebolla y ajo, en una encrucijada

La cebolla encara un escenario condicionado por la falta de materias activas y el aumento de costes mientras sigue apostando por la calidad como clave diferenciadora. Por su parte, el ajo, con un menor rendimiento y una mayor competencia internacional, reclama medidas urgentes para mantener su viabilidad.

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Inma Sánchez

CEBOLLA

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FALTA DE RENTABILIDAD

En el contexto actual, el agricultor europeo de cebolla produce con más normas, más limitaciones y más costes que nunca, y compite con un producto importado que entra en el mercado con precios muy inferiores y controles fitosanitarios más permisivos.

En el caso de España, aunque ha tenido una campaña con precios que se pueden considerar buenos sobre el papel, la falta de materias activas frente a problemas cada vez más complejos está encareciendo los costes de producción -un 30% más altos en los dos últimos años según apuntan desde PROCECAM- y bajando los rendimientos por hectárea.

El sector se encuentra desprotegido ante la eliminación por parte de Europa de herramientas eficaces, con una oferta que carece de la efectividad necesaria. “No tenemos herramientas con las que luchar”, lamenta Pedro M. Jurado, especialista de cebolla de Bejo Ibérica, que no entiende que desde Europa se decida qué productos se pueden utilizar “sin consensuarlo con el sector”. En este punto, Luis Fernando Rubio, presidente de PROCECAM, avanza que, si las políticas europeas “siguen la misma evolución que en campañas anteriores, tendremos un problema muy importante para poder mantener los niveles de producción”.

Para lograr su diferenciación, el producto español refuerza su estrategia hacia formatos de calibres mayores que le permita
destacar sobre la oferta europea. Además de seguir apostando por la calidad, una línea que se observa en sellos como la IGP “Cebolla de La Mancha” que, desde su aprobación en 2023, ha logrado avanzar de 800.000 kilos a más de 50 millones en solo tres campañas, confirmándolo como una herramienta clave para ganar fuerza en los mercados.

TECNIFICACIÓN Y ALMACENAMIENTO

La cebolla española ha perdido su posición de liderazgo a favor de Holanda, país con un alto nivel de tecnificación en el cultivo, y que debe recuperarlo apostando por la automatización y el desarrollo de variedades compatibles con la recolección mecanizada y, sobre todo, una larga capacidad de almacenamiento.

Para ello, entre los principales retos está el poder controlar el daño interno, que afecta al sector en su conjunto. Para Bejo Ibérica, el daño interno es una de sus líneas principales de investigación en cebolla. Por ello, trabajan para ofrecer nuevas variedades más resistentes, colaborando con PROCECAM en sus investigaciones para la detección precoz de esta anomalía y adopción de las medidas de control oportunas.

Desde las empresas también están apostando por diferentes iniciativas que permitan mejorar su detección como es el caso de Cebollas Consuay, que ha incorporado a sus instalaciones un calibrador óptico por visión basado en Inteligencia Artificial. Sin embargo, todavía no existe una herramienta definitiva para prevenirlo, por lo que continúa siendo uno de los mayores retos del sector.

ajo CSIC

AJO

UN MOMENTO DECISIVO PARA EL AJO

España, con el 1,1 % de la producción mundial (más de 315.000 toneladas), continúa liderando la producción europea de ajo con un 42,1 % del total, afronta una situación similar a la cebolla por la falta de disponibilidad de materias activas fitosanitarias y el aumento de los costes de producción, tanto en el ajo Spring como en el morado que, para poder obtener rentabilidad, han tenido que elevar su precio en el mercado.

La competencia internacional y la entrada de ajo de terceros países se ha disparado este 2025, sumando un hecho inédito, el cupo de entrada de ajo se agotó. Europa cuenta con contingentes arancelarios de importación de terceros países para equilibrar la oferta nacional permitiendo la entrada de producto con un arancel reducido o nulo, hasta agotar el cupo. Esta situación está favoreciendo al aumento masivo de importaciones, que además se agrava por no estar sometido a las normas fitosanitarias europeas.

En 2001, la Unión Europea estableció un arancel disuasorio de 1.200 €/tonelada para “proteger” a la producción europea. Sin embargo, esta cifra se ha quedado “totalmente desactualizada”, ya que ha permanecido fija desde entonces. De hecho, la inflación acumulada en España entre 2001 y 2025 (+77%) debería situar al arancel en 2.130 €/tonelada para cumplir la misma protección de la que disponía cuando se implantó.

“Sin medidas inmediatas y contundentes, el ajo español y europeo quedará relegado en todos los mercados, con consecuencias irreversibles para miles de familias y para la economía rural”, apunta Juan Salvador Peregrin, presidente de ANPCA.

UN FUTURO INCIERTO

En cuanto a la campaña de ajo de 2025, se mantuvo una superficie similar a la anterior, aunque finalmente los factores climáticos adversos condicionaron el calibre de los bulbos y provocaron un mayor destrío, reduciendo la producción total en un 15 %. El foco se centra de nuevo en el ajo morado, cuya continua caída de los rendimientos en los últimos años hace que se encuentre en “grave peligro”: en 2025 ha vuelto a perder superficie (un 8 %) a favor de otras variedades y su producción ha caído un 30 % con calibres más bajos, aunque de una calidad excepcional.

El ajo no es solo un cultivo estratégico desde el punto de vista económico para nuestro país, sino también social, pero tiene ante sí un futuro incierto marcado por una rentabilidad cada vez menor y unos mayores costes.

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