Una campaña de extremos
La campaña 25/26 de frutos rojos se ha visto condicionada por una meteorología muy adversa. Desde las altas temperaturas del verano anterior, que afectaron al desarrollo inicial de cultivos como la frambuesa, hasta un invierno marcado por la inestabilidad, lluvias persistentes y sucesivas borrascas de diciembre a febrero. Se estima que, en determinados momentos del ciclo, el descenso productivo ha podido alcanzar hasta un 20% debido a menores rendimientos y pérdidas por falta de luz o exceso de humedad afectando a las exportaciones gravemente, en torno a un 50% según Freshuelva, respecto al mismo periodo del año anterior.
Como punto positivo, tener menos producción a lo largo de la campaña ha favorecido una menor concentración de fruta evitando los picos críticos de años anteriores, facilitando la gestión de la mano de obra al no producirse “explosiones” masivas de fruta que desborden la capacidad de recolección.
Por otro lado, en las dos últimas semanas de mayo se ha registrado un cambio de tendencia con un aumento en la producción de fresa un 17% superior a la del mismo periodo de 2025 y con precios elevados de mercado. Esto ha contribuido a equilibrar el balance anual.
Hacia un cambio de modelo productivo
Más allá de las cifras coyunturales, los principales operadores del sector coinciden en que el modelo de negocio está evolucionando. Existe un consenso creciente en que no basta con vender volumen, sino que es imprescindible ofrecer una fruta homogénea, de alta calidad y constante para fidelizar al cliente. Como defiende Carlos Esteve, desde la dirección comercial de Onubafruit, el objetivo actual es “producir para que alguien se coma la fruta, no solo para cargar camiones”. Esta visión apuesta por el equilibrio entre sabor, productividad y sostenibilidad, entendiendo que el consumidor actual exige una experiencia de consumo homogénea durante toda la campaña: La regularidad en el suministro ayuda a dar estabilidad al mercado y a construir una relación más sólida con el cliente”, puntualiza Harold Huot, gerente de Surberry.
Con todo ello, hay que tener en cuenta la necesidad de recuperar el rendimiento por planta. El gran reto estructural es volver a alcanzar el kilo por planta para asegurar la estabilidad económica del agricultor, frente a medias actuales que han caído por debajo de los 700 gramos en fresa debido al estrés climático.
Para sostener este modelo, el sector se apoya en una innovación varietal sin precedentes.
A pesar de la mejora cualitativa, el sector identifica tres amenazas críticas: la disponibilidad hídrica, la falta de mano de obra y la reducción de herramientas fitosanitarias. Para ello se apuesta por la innovación genética y una mayor eficiencia técnica en campo, que veremos en las siguientes páginas.
Lee nuestro especial sobre el Congreso de Frutos Rojos, en el último número de la revista


