«Fue una campaña con menos kilos y, en general, con buenos precios en producción”, explica José Manuel Cervera, gerente de Cebollas Consuay. Pero el problema surgió en la comercialización, el mercado no siguió esos precios porque entró cebolla de Turquía durante todo el año, lo que provocó una desconexión entre el valor en origen.
Además de los precios, el sector se enfrenta a un aumento sostenido de los costes de producción, que se combina con una caída en los rendimientos. “Se han elevado todos los costes y además cada vez hay menos herramientas para combatir plagas”. La reducción de materias activas disponibles está teniendo un impacto directo en el cultivo y el resultado es claro, “el producto cada día sale más caro y, al mismo tiempo, se produce menos”.
Campaña 2026
La nueva campaña comenzará en breve y las perspectivas iniciales apuntan a una situación relativamente estable en términos productivos. “Empezará a finales de abril o principios de mayo y esperamos una producción dentro de la normalidad”, indica.
Particularmente, en Andalucía las lluvias han condicionado parte de la planificación. “No se han podido sembrar los ciclos largos, pero los cortos están bien”. En otras zonas productoras, el escenario es más positivo. “En Valencia y Murcia la situación es buena, hay agua y las cebollas están sanas”.
El desafío del daño interno
Uno de los principales problemas estructurales del sector es el denominado daño interno, una alteración que no se detecta externamente y que puede provocar el rechazo de partidas completas. “No se le puede enviar al consumidor cebollas podridas por dentro”, subraya Cervera.
Aunque no existe una solución agronómica definitiva, la innovación tecnológica está ofreciendo alternativas. “Con calibradores ópticos e inteligencia artificial, Consuay está minimizando las cebollas afectadas y da mucha más confianza al cliente”, explica, aunque reconoce que el problema no está resuelto en origen.
Competencia y pérdida de liderazgo
El posicionamiento de la cebolla española en Europa se ha debilitado frente a países como Países Bajos, que han apostado por variedades más resistentes y una mayor capacidad de conservación. “El liderazgo España lo perdió hace tiempo; Holanda crece cada año y llega a todo el mundo”, afirma.
Las diferencias van más allá de la logística o el almacenamiento. Apunta a un factor estructural, basado en variedades más fuertes, más resistencia y mejor comportamiento en el transporte. Esto dificulta la competitividad: “en precio no podemos competir; nuestra cebolla puede ser mejor en algunos aspectos, pero ellos aguantan más tiempo en el mercado”.
Diferenciación y nuevos mercados
Ante este escenario, el sector español busca posicionarse en segmentos donde pueda aportar valor añadido. “Tenemos una cebolla más bonita y con mejor calidad, y eso hay que trabajarlo en mercados que valoren esa diferenciación”, apunta Cervera.
Sin embargo, el factor precio sigue siendo determinante. “El cliente puede preferir la cebolla española, pero si hay diferencia de precio, se va a Holanda”. Mientras tanto el sector explora nuevos destinos como Arabia Saudí o Dubái, la logística sigue siendo la tarea pendiente del sector.



