Se está poniendo más el foco en innovar hacia la mejora de procesos o hacia desarrollar sobre un mismo producto diferentes variantes, más que partir desde 0 con un producto nuevo. ¿Cuál cree que es la tendencia?
Es una doble estrategia, por un lado, la optimización de procesos y recursos con el objetivo de mejorar el producto que ya tienes disponible. No es solo cuestión de cambiar el formato, sino también de que tenga el mejor sabor, propiedades y una vida útil acorde con la demanda del mercado, pero siempre manteniendo el 100% fresco y natural.
Por otra parte, tanto el consumidor como el retail están siempre dispuestos a que les ofrezcas novedades, y es un camino que no debemos dejar atrás con nuevos productos y recetas.
¿Qué soluciones ofrecéis finalmente al mercado?
La conveniencia responde a una necesidad casi diaria y por lógica tiene más volumen. Tomate rallado o aguacate para untar, por ejemplo, son dos productos con una mayor venta porque tienen un uso diario continuado por parte del consumidor. Luego tenemos los que entran en la cesta de la compra semanalmente, como la piña pelada, el hummus o el guacamole, que tienen su hueco de consumo durante la semana, y finalmente los de consumo ocasional que son complementos. Las novedades o estos ocasionales son los que te permiten hacer marca y que luego el consumidor recuerda junto con los del consumo diario, generando de este modo un ecosistema.
Es muy importante el componente saludable. ¿Están trabajando en alguna innovación que apueste por este aspecto?
Toda nuestra gama es Clean Label. A partir de ahí vamos incorporando nuevos productos que hagan hincapié en la indulgencia. En estos momentos estamos trabajando en esa línea con nuevos productos con los que el consumidor se sienta seguro de que está consumiendo productos saludables pero que lo hace además por placer y como sustituto de otras opciones menos saludables.
Existe un alto número de lanzamientos que se inspiran en platos exóticos de otros lugares. Es vuestro caso con productos como el hummus libanés. ¿Qué respuesta están teniendo este tipo de productos en el mercado?
El hummus libanés ha sido uno de los mejores lanzamientos que hemos hecho, con un impacto muy positivo en el consumidor y muchos comentarios sobre el sabor diferencial del producto; además, nuestra composición nutricional es mucho más saludable comparado con otros productos del mercado donde se añaden muchas cosas (reducciones de garbanzo y complemento con otros ingredientes, azúcar, conservantes potentes…). Viendo lo que había en el mercado, fuimos a buscar la receta más auténtica en su país de origen, y la vestimos con una imagen acorde a este valor añadido. Hemos dado al consumidor una alternativa diferente con un sabor casero y auténtico.
En breve estará a la venta nuestro guacamole japonés y pensamos que tendrá un impacto también positivo por ser una novedad real sobre los guacamoles existentes en el mercado y que complementará nuestra gama de productos con aguacate.
¿Ya está todo inventado, es decir, es difícil aportar valor al producto?
No creemos que esté todo inventado. Solo hay que mirar al consumidor, las tendencias, los mercados y pensar en cómo se cocina en casa. A partir de ahí proponer nuevas opciones que aporten ese valor diferencial. Además, el valor no solo está en el producto per se, sino como se presenta, su vida útil y sostenibilidad.
¿Cuál es vuestra forma de captar tendencias de consumo? ¿Hacia dónde se dirige la innovación?
El equipo I+D es multidisciplinar y estamos implicados tres departamentos que se complementan para que cada uno pueda dar su visión particular. Monitorizamos las tendencias y cómo fluye el mercado global y, sobre todo, estamos muy pendientes de los avances tecnológicos que permitan transformar el producto sin perder propiedades y aportando unos valores organolépticos óptimos.
Se habla de que es difícil alcanzar la rentabilidad en IV Gama, así como repercutir los costes. ¿En qué situación están actualmente?
Es un escenario complejo debido a incrementos de costes como la energía, o las materias primas. Nuestro trabajo se ha centrado en mejorar la eficiencia operativa y optimizar los procesos para no repercutir estos costes en el cliente final. Está claro que el precio de venta está por debajo del valor real que tienen que tener estos productos, pero una marca global y con presencia en fresco y transformado debe estar como paraguas de todo el portfolio y hacer posible que los productos lleguen al máximo de hogares posible.
Reducir el uso del plástico es otro de vuestros retos. ¿Cómo trabajáis en ello?
Sin ninguna duda y aquí hemos apostado por reciclar, optimizar y sustituir. Nuestros envases son 100% reciclables, asegurando así una posibilidad de transformación. Hemos reducido los gramajes en los envases tanto como hemos podido empleando de este modo menos materia prima procedente de petróleo. Finalmente estamos trabajando por incorporar nuevos materiales, muchos de ellos no provenientes de fuentes fósiles, como nuestro envase bio, abriendo la puerta a un packaging mucho más responsable.



