Nuevo marco
Mercamadrid afronta una etapa clave por la finalización de las actuales autorizaciones administrativas, prevista para enero de 2032. Santiago Blázquez explica que la modificación del reglamento de prestación de servicios fija ya parte de los criterios para la futura licitación, que deberá convocarse antes de que finalice 2028.
Según detallan, “van a tener un régimen similar al actual”, basado en autorizaciones administrativas. Las empresas deberán volver a concurrir. El nuevo plazo, previsiblemente, será inferior al anterior: frente a los 50 años actuales, se plantea un periodo de entre 15 y 20 años. “Nos habría gustado que fuesen 50 años, e incluso 60, mucho mejor”, reconocen.
La nueva regulación aporta seguridad al sector porque despeja parte de la incertidumbre sobre la continuidad del mercado, al menos desde el punto de vista legal y administrativo.
Sin embargo, advierte que la renovación administrativa no será suficiente si Mercamadrid no afronta cambios estructurales. “Si no se hacen otros cambios, no va a servir de nada”, afirman. Para Fernández, el reto no es solo renovar contratos, sino adaptar el modelo de mercado a una realidad comercial muy distinta.
Un modelo comercial atractivo
Uno de los principales problemas es que “Mercamadrid sigue funcionando con esquemas pensados para otro momento del sector”. Hace décadas, el detallista tradicional concentraba gran parte del comercio. Hoy, el peso se ha desplazado hacia supermercados, distribución organizada y nuevos operadores.
Blázquez lo resume con claridad: “necesitamos una evolución que permita la supervivencia del canal”.
El horario aparece como uno de los grandes debates pendientes. Muchos mayoristas consideran que sin una modificación real del calendario y horario será difícil abrir una nueva etapa. Fernández señala que existe voluntad de cambio, pero siempre bajo una condición, que sea obligatorio para todos. Explica que el miedo del sector es que una aplicación desigual rompa la unidad de mercado y favorezca a unos operadores frente a otros.
El horario nocturno está generando dificultades crecientes para contratar personal y atraer a nuevas generaciones. “La gente no quiere la noche, ni quiere trabajar los sábados”, afirman.
Este problema afecta tanto a mayoristas como a detallistas. La actividad actual exige jornadas muy duras y poco compatibles con las expectativas laborales actuales. Por eso, el cambio de horario no se plantea solo como una cuestión operativa, sino también como una condición para hacer más atractivo el negocio.
El papel de la asociación
La asociación de mayoristas tiene un papel fundamental en este proceso. Según Blázquez, su labor consiste en escuchar a las empresas, ordenar sus reivindicaciones y trasladarlas a Mercamadrid y al Ayuntamiento. “Lo que hacemos es alinear los intereses de todos los mayoristas y trabajar en esa dirección”, explica. La asociación representa a una parte mayoritaria de los puestos, lo que le permite actuar como interlocutor sectorial y mejorar el reconocimiento de su papel esencial en la cadena alimentaria.
Ambos defienden que el mayorista sigue siendo una pieza imprescindible para productores y detallistas. Su papel permite concentrar la oferta, garantizar trazabilidad, cumplir normativa sanitaria y facilitar el acceso a una gran diversidad de productos. Sin mercados centrales, muchos pequeños productores y compradores tendrían dificultades para operar de forma eficiente.
Un antes y un después
El horizonte de 2032 puede marcar un punto de inflexión para los responsables de Mercamadrid, el momento actual debe aprovecharse para impulsar cambios reales en horarios, infraestructuras, normativa y modelo comercial. “El modelo de negocio tiene que adaptarse a las nuevas necesidades de la cadena alimentaria”, concluyen. La continuidad de Mercamadrid como gran mercado de referencia dependerá no solo de renovar autorizaciones, sino de ofrecer una perspectiva clara de futuro para las empresas que operan en él.


