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4 Abr 2026 | Actualizado 08:00

Revista del Sector Hortofrutícola

¿Hacia dónde va el diseño de nuevos bioestimulantes? TIMAC AGRO

David de Hita Mejía, Doctor en Biología Ambiental. Investigador de desarrollo en TIMAC AGRO España. Departamento de Coordinación Científica. Colaborador del grupo BACh del Departamento de Biología Ambiental del centro BIOMA de la Universidad de Navarra.

Timac Agro

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En general, el planteamiento del desarrollo de bioestimulantes microbianos se ha centrado en la búsqueda de cepas, tanto fúngicas como bacterianas, que posean rasgos PGP con el objetivo de incrementar la producción vegetal. Esta búsqueda se ha realizado in vitro, de una manera más o menos dirigida, para después caracterizar las cepas más relevantes desde un punto de vista agronómico. El último paso es probar las cepas en un ambiente controlado para contrastar el potencial observado de estas últimas. El resultado del producto obtenido de este proceso en condiciones reales será más o menos exitoso según el tipo de microorganismos (hongo o bacteria), cepa, cultivo vegetal, suelo, condiciones meteorológicas y un sinfín de variables que no pueden ser controladas o que ni si quiera se tienen en cuenta.

El uso de estos productos basados en un solo microorganismo, generalmente, adolece de poca repetibilidad entre zonas y campañas de cultivo. En respuesta a esto, desde hace décadas, la principal estrategia de desarrollo ha sido el uso de consorcios microbianos. Actualmente, es la estrategia mayoritaria seguida en la producción de gran parte de los bioestimulantes microbianos comercializados en España y Europa, y es por ello que productos como la gama Probital de Timac Agro han apostado por el uso de cócteles de diferentes bacterias, redundando en una función y en un momento de aplicación concretos para una mejora del crecimiento efectivo del cultivo. Por otro lado, estos consorcios microbianos pueden componerse de varias cepas de un mismo microorganismo, reforzando su efectividad frente a los productos monocepa. Un buen ejemplo es el consorcio con función bioprotectora Tusal, y que combina dos cepas de Trichoderma con comportamientos similares en condiciones diferentes.

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No obstante, esta estrategia aún presenta resultados diversos cuando se amplía el espectro de uso de estos productos. Por ello, se vislumbra el nacimiento de una nueva generación de productos personalizados para cada cultivo, condición ambiental, suelo, momento fenológico de la planta, modo de aplicación, etc., y que están basados en el microbioma. Gracias a este concepto, somos capaces de concebir productos que traten de imitar simplificadamente la estructura de una comunidad microbiana natural o favorecer cambios en el microbioma con el fin de obtener una respuesta adecuada del cultivo. Este tipo de productos son las llamadas comunidades sintéticas (“SynComs”), cuyas principales características son la redundancia de múltiples rasgos PGP entre sus componentes y una mayor ratio de supervivencia de los inóculos en campo.

Su I+D está altamente especializada y requiere de nuevas técnicas de estudio como el análisis del microbioma mediante secuenciación masiva y bioinformática, lo que permite identificar los microorganismos y detectar aquellos más importantes y mejor conectados dentro de la comunidad. También implica un cultivo masivo y altamente especializado de estos microorganismos (culturómica) y, sobre todo, mejoras en el proceso de enriquecimiento y selección de los microbiomas mejor adaptados a cada situación. Es en este último punto donde las empresas más innovadoras enfocan sus esfuerzos para aumentar su pool de microorganismos disponibles.

En conclusión, el futuro de los bioestimulantes microbianos pasa por un mayor conocimiento del microbioma de las plantas/suelo. Igualmente, en los próximos años, será de suma importancia una regulación más unificada de este tipo de productos, lo que permitirá una mayor cuota de mercado. Para ello, será necesario tener en cuenta las prácticas agrícolas ya dominantes y adaptar a ellas los nuevos bioestimulantes con el fin de reducir la relación coste-beneficio tanto de la producción como de su venta para el usuario final: el agricultor.

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