Estos รบltimos dรญasย ha saltado a la prensa la cartaย que la cadena alemana de supermercados Aldi ha enviado a los productores agrรญcolas del Campo de Cartagena, pidiรฉndoles cuentas sobre los efectos que su manera de producir estรก teniendo en la contaminaciรณn del Mar Menor, y advirtiรฉndoles de que las violaciones medioambientales que se estรกn produciendo en la zona pueden ser incompatibles con la polรญtica corporativa de la compaรฑรญa, y podrรญan tener consecuencias.
Las reacciones a esa misiva han sido variadas. Los productores y las instituciones murcianas han optado porย la tรฉcnica del avestruz, enterrando la cabeza para no recordar los peces muertos que hace poco flotaban en las aguas del Mar Menor, y asegurando que en esa regiรณn todos cumplen escrupulosamente con la legalidad establecida. Desde otros รกmbitos, la reacciรณn ha sido muy favorable al comportamiento de Aldi, convirtiendo a la compaรฑรญa en adalid de responsabilidad ambiental y considerando su acciรณn como un ejemplo que otras empresas deberรญan seguir. Pero ยฟdebemos quedarnos sรณlo en estas primeras capas del problema?
Si ampliamos el foco de anรกlisis, lo que estas cifras sugieren es que la agricultura murciana se ha ido adaptando a uno de los modelos en boga de producciรณn alimentaria global. Los agricultores de la regiรณn, organizados en empresas de tamaรฑo mediano y pequeรฑo, adquieren las semillas, los fertilizantes y los plaguicidas en un mercado controlado por unas pocas multinacionales, y venden las frutas, las verduras y las hortalizas a las compaรฑรญas de distribuciรณn, que normalmente son bastante mayores y que en consecuencia les pueden marcar los precios que a ellas les convienen. Atenazados entre quienes les venden los insumos y quienes les compran el producto, los agricultores se ven obligados a forzar la mรกquina para mantenerse en medio de ese mercado global que no controlan.ย ย ย
En ese contexto, la presiรณn que ese tipo de agrobusiness genera tanto en Murcia como en otros territorios, va indisolublemente asociada a dos fallas muy considerables. La primera de ellas es de carรกcter social, y se deriva de que producir a los precios baratos que exige el mercado requiere pagar salarios muy bajos para trabajos fรญsicamente muy duros, que sรณlo la mano de obra inmigrante, a veces sin papeles siquiera, estรก dispuesta a realizar. Los problemas de integraciรณn y de convivencia social que la concentraciรณn de este tipo de trabajadores puede generar en lugares que no estรกn preparados para ello son evidentes, y las opciones polรญticas de carรกcter xenรณfobo y autoritario saben aprovecharse de ello. Que Vox sea primera fuerza polรญtica en Murcia no es algo ajeno a este problema.
La segunda falla tiene que ver con la sobrexplotaciรณn del medio. Paradรณjicamente, Murcia, que es una regiรณn ambientalmente seca, se ha especializado en una actividad intensiva en agua, y como es obvio, eso impone, guste o no, lรญmites al crecimiento de la producciรณn de regadรญo. Pero los incentivos de mercado para producir y exportar han pasado por alto este pequeรฑo detalle y han guiado un crecimiento exponencial que, ademรกs, ha hecho la vista gorda a los usos respetuosos del suelo. En concreto, la expansiรณn del regadรญo ha ido asociado a un uso de fertilizantes que cabe caracterizar de desmedido.
Una tesis leรญda en 2017 en la Universidad Politรฉcnica de Cartagena y basada en ensayos realizados sobre el terreno advertรญa de la enorme sobre fertilizaciรณn a la que estaba sometida la agricultura de la regiรณn, y seรฑalaba que los aportes de nitrรณgeno se podรญan reducir hasta en un 50% sin merma de la producciรณn y con el consiguiente ahorro de dinero. Explicar ese uso irracional de quรญmicos no es fรกcil ยฟPresiรณn de las empresas de semillas y fertilizantes para vender mรกs? ยฟFalta de informaciรณn o de formaciรณn de los agricultores para usar adecuadamente productos quรญmicos nuevos? ยฟMala regulaciรณn? ยฟIndicaciones tรฉcnicas inadecuadas por parte de los servicios agrarios? Sea como sea, el resultado se ha visto claramente en forma de sopa verde y peces muertos en el Mar Menor.
Aldi, como gran empresa de distribuciรณn alimentaria no es ajena ni mucho menos al modelo de agrobussiness. La compaรฑรญa estรก teniendo en los รบltimos aรฑos una estrategia de crecimiento en Espaรฑa que los medios econรณmicos tildan de agresiva, y que consiste en la apertura de un nรบmero muy considerable de nuevos centros con el reclamo de ser una empresa pionera en el descuento. Eso estรก obligando a otras empresas a entrar en una guerra de precios a la baja para competir, que con toda seguridad repercutirรก en los precios que perciben los agricultores y ganaderos de este paรญs, y que muy probablemente obligarรก a forzar la mรกquina del trabajo barato y de la sobre explotaciรณn del medio.
Resulta loable que empresas como Aldi se preocupen por los problemas del Mar Menor y que exijan a sus proveedores que sean respetuosos con el medioambiente. Pero puestos a lucir responsabilidad social corporativa, quizรกs la empresa deberรญa plantearse el conjunto del modelo que estรก promocionando, cambiar sus estrategias de crecimiento, y hacer todo lo posible porque los agricultores y los trabajadores del campo perciban los precios justos por su trabajo. Con seguridad, eso facilitarรญa tambiรฉn unas mejores prรกcticas agrรญcolas y ambientales.ย
Fuente: Eldiario.es

