Desde hitos como la Revolución Verde, por ejemplo, la agricultura convencional ha logrado avances productivos sin precedentes, pero a menudo a un coste medioambiental considerable. Con el avance del conocimiento, surgieron modelos más sostenibles como la producción integrada o la ecológica.
Sin embargo, en los últimos años, un nuevo concepto está ganando un impulso notable: la agricultura regenerativa. Un enfoque que va un paso más allá de la sostenibilidad; centra las prácticas agronómicas en la mejora de la calidad de los suelos, imitando a la naturaleza con estrategias como el uso de cubiertas vegetales, materia orgánica, y considerando el suelo como un ente vivo, capaz de fijar carbono y mejorar la biodiversidad.
La relevancia de la agricultura regenerativa ha trascendido el ámbito técnico para situarse en el centro de la estrategia de futuro del sector. Su capacidad para secuestrar carbono, mejorar los ciclos del agua, incrementar la materia orgánica y reducir la erosión la ha convertido en una herramienta clave contra el cambio climático.
A pesar de su enfoque ecológico, se enfrenta al ineludible reto de la productividad y rentabilidad. Para dar respuesta a esta doble exigencia, la tecnología se posiciona como el gran aliado. La agricultura de precisión, la sensorización, el Big Data, la biotecnología y las nuevas herramientas de monitorización son fundamentales para optimizar las prácticas regenerativas.
GENÉTICA
La genética es fundamental. En el marco de la estrategia De la Granja a la Mesa, la Comisión Europea busca reducir un 50 % el uso de químicos para 2030. Para lograrlo, la investigación en mejora en este ámbito y biotecnología es clave.
La agricultura regenerativa cuenta con la implantación de nuevas variedades y portainjertos más resistentes al estrés biótico y abiótico. Para ello, es necesario buscar fuentes de resistencia utilizando variedades ancestrales o material autóctono de bancos de germoplasma, que se usan en los programas de mejora.
EL SUELO COMO UN ENTE VIVO
Una de las acciones principales es el estudio e implantación de diferentes cubiertas vegetales, ya sean espontáneas o sembradas. Son una fórmula para mejorar la biodiversidad, la estructura del suelo, reducir la erosión, mejorar la infiltración y la microbiota.
Este tipo de colaboración, junto con empresas y centros de investigación, nos ha permitido avanzar en el conocimiento, manejo e implantación de las infraestructuras verdes como solución para conseguir una agricultura más sostenible.
PAPEL DE LA BIODIVERSIDAD
La biodiversidad es clave. Es fundamental para potenciar el control biológico por conservación, inundación e inoculación. Nos apoyamos en el diseño e implantación de setos, seleccionando especies vegetales que garanticen flores para asegurar la supervivencia de artrópodos (depredadores y parásitos) que se alimentan de polen y néctar. Así, cuando aparecen las plagas, el control biológico puede actuar.
En el manejo regenerativo, se evalúan diferentes estrategias como el uso de bankers (plantas reservorio). Utilizamos gramíneas
inoculadas con un pulgón específico de cereales para, posteriormente, soltar parásitos y depredadores generalistas, buscando la mejor sincronización.
La otra práctica es el establecimiento de cubiertas vegetales, seleccionando las mejores especies sembradas para favorecer la biodiversidad y mejorar el control biológico en frutales como kaki, cítricos o granado.
La agricultura regenerativa puede considerarse una alternativa real y complementaria frente a la reducción de materias activas en el campo, aunque no debe entenderse como un reemplazo inmediato ni universal de los productos fitosanitarios. Su valor reside en que cambia el enfoque del control químico reactivo hacia la prevención biológica y sistémica.

