Tras una positiva campaña de sandía en 2025, el reto para este 2026 es seguir mejorando. La empresa Agrícola Navarro de Haro se ha fijado un objetivo ambicioso, pero realista. “Este año esperamos llegar a los 60-65 millones de kilos, todos los esfuerzos los vamos a realizar para alcanzarlos”, señala Juani Navarro, adjunta a la dirección de esta compañía familiar.
El desarrollo varietal ha sido un factor primordial a la hora de incrementar la producción, al contar los agricultores con un abanico de material genético más amplio, lo que permite una mejor adaptación ante problemas estructurales como la presión de las plagas. Como resume Navarro, “el cambio climático nos hace cambiar antes de variedades”, por lo que la colaboración con las casas de semillas debe ser esencial y constante.
Diversificación geográfica
De cara a la campaña de 2026, la estrategia es no cambiar lo que funciona. La diversificación geográfica es una de las variables que garantiza una mayor producción, cultivando en altitudes de 0 a 850 metros de las provincias de Almería, Granada, Sevilla, Córdoba, Murcia y Ciudad Real. “Este año seguimos con las mismas zonas que la campaña pasada”, recalca.
La posibilidad de solapar ciclos productivos en diferentes territorios es vital para disponer durante toda la campaña de un stock mínimo de sandía frente a contratiempos en los cultivos como plagas, lluvias o temperaturas extremas.
Calidad
Todas las estrategias desarrolladas por Agrícola Navarro de Haro tienen una meta: la calidad del producto, que obliga a realizar un riguroso control en cada fase de la campaña, “desde la semilla hasta que sale de nuestras instalaciones”.
Este trabajo empieza desde el momento de sembrar, donde se vigila las necesidades de la planta en agua o fertilizantes, hasta la cosecha, donde se trata al fruto, según destaca Juani Navarro, “como si fuesen huevos”. Pensando en el momento del traslado, se eligen fincas “con caminos accesibles para que sufra los menores golpes posibles”.
En paralelo, los profesionales de la empresa revisan parámetros como los grados Brix, el calibre o la forma para confirmar que se adaptan a las demandas del mercado. Ya en la central de manipulado, continúan manteniendo ese esmero en garantizar las mejores cualidades. “En cuanto pasa a la cinta de envasado, volcamos manualmente y envasamos con cuidado”, añade. El destino final, el cliente, valora esta labor a través de la fidelidad y la exclusividad.



