¿Qué balance general hace de la actual campaña de cebolla en España?
La campaña está viviendo una situación sumamente compleja y, al mismo tiempo, paradójica. Nos encontramos ante un año de excelente sanidad vegetal y buenos rendimientos en el campo, pero estas circunstancias no se están traduciendo en una mayor rentabilidad para el agricultor. Al contrario, el incremento de la oferta y la debilidad de la demanda han provocado un desplome drástico de los precios y una auténtica crisis económica en origen.
A pesar de las lluvias, que impidieron realizar siembras y tratamientos durante casi tres meses, la calidad del producto está siendo buena en términos generales y los rendimientos son mejores de lo que cabía esperar. Esto ha derivado en una mayor disponibilidad de cebolla libre, algo que no se preveía al inicio de la campaña.
¿Cómo se está desarrollando la sanidad vegetal del cultivo?
En términos generales, la sanidad del cultivo está siendo muy buena en las principales zonas productoras, especialmente en Castilla-La Mancha y Castilla y León.
A diferencia de otros años, marcados por sequías extremas o tormentas en momentos especialmente sensibles, la estabilidad climática de la primavera ha permitido que el ciclo de la cebolla se desarrolle sin grandes contratiempos, aunque las lluvias sí provocaron importantes retrasos en algunas zonas.
Por ejemplo, estamos a punto de cosechar variedades como Valero y Campero en el sur de Sevilla, cuando en un año normal estas producciones habrían estado disponibles a principios de julio.
Pese al exceso de precipitaciones, no se han producido proliferaciones descontroladas de hongos habituales como el mildiu o la botritis. Tampoco hemos registrado ataques especialmente severos de trips.
El producto está llegando al mercado con una piel limpia, buena consistencia y unas cualidades comerciales óptimas. Desde el punto de vista sanitario y agronómico, la campaña está ofreciendo resultados muy positivos.
¿Cómo están evolucionando los rendimientos por hectárea?
Los rendimientos están siendo elevados y se sitúan en medias más que aceptables para un año que ha presentado numerosos retos.
La combinación de una buena sanidad vegetal, rendimientos elevados y unas condiciones climáticas favorables durante determinadas fases del cultivo ha permitido alcanzar un volumen total de producción importante, incluso aunque la superficie general se redujera como consecuencia de las lluvias y de las dificultades para realizar las siembras.
¿Cómo se ha llegado entonces a una situación de saturación del mercado?
La elevada producción nacional ha coincidido con la presencia de cebolla importada de terceros países y con una menor demanda. Esta combinación ha generado una tormenta perfecta: los almacenes presentan un volumen elevado de producto y los precios se han desplomado.
Además, cuando la demanda puntual es inferior a la prevista, el solapamiento entre la cebolla importada y el inicio de la producción nacional puede prolongarse durante más tiempo. El resultado es una mayor presión sobre el mercado y una ralentización de las compras.
La cebolla de contrato está defendiendo mejor sus precios porque existe una relación contractual previa entre las partes. Tanto el agricultor como el comprador conocen las condiciones, los volúmenes y las características del producto que se va a comercializar.
La cebolla libre, en cambio, se siembra por decisión del productor, que asume un mayor riesgo al no disponer de un mercado asegurado en el momento de elegir el cultivo y la variedad.
Existen tipologías, ciclos y variedades que representan una apuesta arriesgada. En algunos años pueden resultar muy rentables por la falta de producto en el mercado, pero en otros pueden generar importantes pérdidas debido a la sobreoferta o a la presencia de cebollas con mejores cualidades comerciales.
¿Por qué los comercializadores recurren a cebolla de importación cuando existe producción nacional?
Esta elección no es aleatoria. Responde a criterios mucho más rigurosos de lo que a priori puede parecer.
En muchos casos, la cebolla importada se utiliza por cuestiones cualitativas y para cubrir determinados momentos del calendario en los que el producto nacional no puede ofrecer, de forma homogénea, las características que exige el mercado.
Los lineales programan su abastecimiento durante todo el año con sus proveedores y combinan producto nacional e importado para mantener un estándar uniforme de calidad, calibre y conservación. El objetivo es evitar reclamaciones y garantizar que el consumidor final encuentre un producto regular durante los doce meses.
¿Qué características presenta la cebolla española en cuanto a calibres y calidad comercial?
La producción está ofreciendo calibres muy comerciales y uniformes. Técnicamente, esto debería representar una ventaja competitiva frente a las producciones del norte de Europa.
Sin embargo, la situación actual demuestra que disponer de un producto de calidad no garantiza por sí solo una buena salida comercial. La abundancia de mercancía, la presión de las importaciones y la debilidad de la demanda han cambiado las reglas del juego.
¿Cuál es en estos momentos el principal problema de la campaña?
El gran problema es el colapso de los precios en origen. Los excelentes rendimientos registrados en España han coincidido con un flujo constante de importaciones, provocando una elevada disponibilidad de mercancía en el mercado europeo.
Las cotizaciones en el campo han caído hasta niveles que, en numerosas zonas productoras, no permiten cubrir los costes de producción. Estos costes continúan siendo elevados debido al precio de la energía, los fertilizantes, los tratamientos y la mano de obra.
Organizaciones agrarias como AVA-ASAJA ya han advertido de pérdidas millonarias en zonas tempranas de la Comunidad Valenciana y Andalucía.
En muchas operaciones, los precios ofrecidos al agricultor se encuentran por debajo de los costes reales de producción. Esta situación compromete seriamente la viabilidad de las explotaciones y genera una enorme incertidumbre de cara a las próximas campañas.
El agricultor ha realizado todas las inversiones necesarias, ha obtenido una cebolla de calidad y ha alcanzado buenos rendimientos, pero el precio final no le permite recuperar el esfuerzo económico realizado.
¿Se está quedando cebolla sin recolectar?
Sí. La lentitud de las compras y los precios extremadamente bajos han provocado que algunos agricultores hayan decidido dejar parte de la cosecha en el campo.
En otros casos, se ha optado por destruir producto almacenado ante la imposibilidad de encontrar una salida comercial rentable. Se trata de una situación especialmente dolorosa porque hablamos de una cebolla con buena calidad y apta para el consumo, pero cuyo valor de mercado no permite asumir los costes de recolección, manipulación y transporte.
Estamos ante una campaña con una cebolla de excelente calidad, buena sanidad vegetal, calibres comerciales y una producción abundante. Sin embargo, estas fortalezas agronómicas contrastan con una grave crisis de rentabilidad.
La saturación del mercado ha hundido los precios por debajo de los costes de producción y ha dejado al agricultor en una posición muy vulnerable. En este contexto, las producciones realizadas bajo contrato están encontrando una salida más estable, mientras que la cebolla libre está soportando la mayor parte del riesgo y de las pérdidas.
La situación vuelve a poner de manifiesto la necesidad de mejorar la planificación, ajustar la oferta a la demanda y reforzar las relaciones contractuales dentro de la cadena.
¿Qué papel desempeña LODOCA 22 dentro de la cadena de comercialización?
En LODOCA 22 tratamos de establecer puentes entre la demanda del mercado y la oferta disponible en las zonas en las que operamos: Andalucía, Castilla-La Mancha y Castilla y León.
Nuestro objetivo es trabajar para que el agricultor reciba un precio lógico por su producto y, al mismo tiempo, que los empaquetadores puedan acceder a una cebolla que responda a las exigencias de calidad, calibre y conservación del mercado.




