El sector agrícola tiene aún en España nombre masculino. Continúa existiendo una brecha de género que mantiene a buena parte de las mujeres del ámbito rural fuera de las explotaciones y, en mayor grado, de los puestos de dirección. Pese a que representan el 50,91% de la población española, apenas son una tercera parte de los empleados de este ámbito productivo. Si el Sistema Especial Agrario cuenta con 661.827 cotizantes, solo 249.235 son mujeres.
La brecha de género en el sector agrícola se hace más evidente conforme aumenta la responsabilidad de cada puesto de trabajo. Mientras que los hombres tienen mayor presencia en tareas directivas dentro de las empresas, el papel de la mujer es más representativo en labores poco cualificadas, generalmente manuales y con un mayor riesgo de producir lesiones, lo que provoca que sufran una mayor tasa de incidencia de enfermedades profesionales.
Mientras que la mayoría de mujeres desarrollan tareas básicas y repetitivas dentro de las empresas del sector, el número de quienes alcanzan trabajos con mayor responsabilidad es aún reducido. Los datos permiten ver cómo el techo de cristal es un problema consolidado en el sector: la cifra de empresarias es de apenas un 36,1%; por cada tres jefes de explotación, solo hay una jefa. Según datos del sector cooperativo agrario, solo alrededor del 4–4,5 % de las cooperativas están presididas por mujeres, lo que equivale aproximadamente a entre 140 y 160 cooperativas de las cerca de 3.600 cooperativas agroalimentarias existentes en el país. La brecha también se observa en los órganos de gobierno: las mujeres ocupan apenas alrededor del 9–10 % de los asientos en los consejos rectores, y en los puestos directivos la cifra ronda el 12–13 %, lo que refleja que, pese a su creciente participación en la actividad agraria y cooperativa, su acceso a los espacios de decisión sigue siendo limitado. Aunque la mujer comienza a incorporarse cada vez más a este trabajo, el poder de decisión sigue en manos de los hombres.
Cuando una mujer logra alcanzar una posición directiva dentro de una empresa se encuentra con un segundo problema, esta vez fuera de su puesto: los problemas para conciliar, pues deben realizar una ‘doble jornada’ y combinar su labor diaria en las empresas con realizar las tareas del hogar, lo que reduce las horas de descanso, generando una mayor estrés y ansiedad que se traducen en mayores riesgos en el ámbito laboral.
En los últimos años, las administraciones han tomado medidas para incrementar la presencia de mujeres en el sector agrícola. La última iniciativa, presentada esta misma semana por la Junta de Andalucía, ha sido la Mesa de Mujeres Rurales y del Mar Andaluzas, que nace para impulsar una igualdad real en el sector. Un espacio de diálogo y participación en el que se puedan detectar necesidades y trasladarlas a los organismos competentes. Iniciativas como esta buscan contrarrestar una tendencia que se aleja de la igualdad.
Optimismo
Sin embargo, en los últimos años se observa una tendencia de crecimiento lento pero sostenido de la presencia femenina en puestos directivos y de gestión dentro del sector agrícola español, aunque el liderazgo sigue claramente masculinizado. Los datos muestran una mejora gradual, se ha incrementado el número de mujeres al frente de explotaciones agrarias. Datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que la proporción de mujeres titulares o responsables de explotaciones ha crecido en la última década, y en algunos territorios el avance es notable: por ejemplo, en Aragón el porcentaje de mujeres jefas de explotación pasó del 17 % en 2016 al 23 % en 2023, lo que supone un aumento de seis puntos en siete años.
En conjunto, los datos de organismos como el INE y Cooperativas Agro-alimentarias indican que la tendencia es positiva pero lenta: cada vez hay más mujeres incorporándose al campo, asumiendo la titularidad de explotaciones o entrando en órganos de gobierno de cooperativas.
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