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Una estrategia de control biológico flexible. BIOLINE IBERIA

El cambio climático obliga a ser ágiles a la hora de adaptar las estrategias de control de plagas en el tomate, donde aumentan las hectáreas bajo este modelo de cultivo.

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Bioline

El control biológico alcanza ya el 60-70% de la superficie cultivada de tomate en Almería. Tras unos años de retroceso, la campaña 2018/2019 supuso un punto de inflexión; entonces, la incidencia de Tuta absoluta se agudizó, debido a la aparición de resistencias en la plaga a las materias activas más utilizadas. “El sector tuvo que replantearse la estrategia de control de plagas”, recuerda Manuel Gómez, responsable de I+D de Bioline Iberia, que afirma que, actualmente, el número de hectáreas con control biológico continúa al alza.

Y es que esta estrategia de cultivo beneficia a todos los eslabones de la cadena de valor agroalimentaria, empezando por el agricultor, que podrá mantener la sanidad de su cultivo reduciendo el uso de fitosanitarios; además, una planta más sana ofrece mayores rendimientos productivos. En el caso del comercializador, puede llegar a los mercados con un producto de calidad que cumple con los más altos estándares de seguridad alimentaria; mientras que la distribución acerca al consumidor un alimento más sostenible, en línea con las tendencias de consumo actuales.

En el caso del tomate, la puesta en marcha de la estrategia de control biológico comienza en el semillero con la suelta de Nesidiocoris tenuis; a partir de ahí, “hay que tener clara la secuencia de actuaciones sobre el cultivo para controlar las plagas, manteniéndolas siempre por debajo de un umbral económico de daños”. En este sentido, Gómez comenta que, entre las soluciones recomendadas para este cultivo destacan, además del N. tenuis, feromonas de confusión sexual desde el inicio de cultivo; Trichogramma achaeae, que parasita los huevos de Tuta absoluta y se libera mediante tarjetas exclusivas con una emergencia en dos oleadas; Eretmocerus eremicus, para el control de mosca blanca; y Orius laevigatus, que ha demostrado ejercer un buen control de trips en el cultivo cuando se introduce en combinación con plantas reservorio (como Lobularia maritima), que además de servir de refugio para el O. laevigatus, actúan de trampa para el trips.

“Hay que tener clara la secuencia de actuaciones sobre el cultivo para controlar las plagas desde el semillero”

En ecológico, según Gómez, están comenzando a aparecer problemas con algunas especies de pulgones (como Macrosiphum euphorbiae) y “estamos desarrollando nuevas estrategias de suelta”.

Un escenario cambiante
El cambio climático es una realidad y tiene incidencia directa sobre las plagas de estos y otros cultivos, que o bien aparecen en épocas poco habituales con más virulencia o reaparecen tras años sin ocasionar problemas. Precisamente por ello, Gómez afirma que “las estrategias de control biológico deben ser flexibles” para adaptarse a una realidad también cambiante.

La firma acaba de poner en marcha su sello CART (Climate Adapted Release Technology) como muestra de su compromiso con la sostenibilidad para mitigar el cambio climático. De este modo, garantizan que son respetuosos con el medio ambiente en todos sus procesos y, por ejemplo, sus nuevos sistemas de suelta están fabricados a base de materiales biodegradables.

Además, el hecho de que su biofábrica se sitúe en El Ejido (Almería) no solo asegura la disponibilidad inmediata y frescura de sus insectos auxiliares, sino también una menor huella de carbono.

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