
“En redes sociales ya se avisaba de lo que venía, pero nadie podía imaginar la magnitud de lo que fue”
29 de octubre
Explica Landete que el agua desbordó ríos y barrancos, bloqueó caminos y aisló fincas. Durante una semana completa resultó imposible acceder a muchas parcelas, “no podíamos movernos, todo estaba cortado. El agua arrastraba de campo en campo, rompiendo lindes y destrozando caminos”.
La cooperativa local, con maquinaria pesada, tuvo que abrir paso para que, al menos en las zonas altas, se pudiera recoger fruta no afectada y mantener las líneas de venta en marcha. Pero en las parcelas más bajas, el balance fue dramático, un 100% de pérdidas, “el agua llegó a más de un metro ochenta de altura y en el momento que la fruta se tapa de agua, se pierde toda la cosecha”.
Infraestructuras arrasadas
Las consecuencias no se limitaron a la fruta. El agricultor explica que los sistemas de riego fueron arrancados y hubo que comenzar de cero, “fue como volver a empezar, con instalaciones nuevas. En algunas parcelas, llenas de lodo y cañas, la recuperación era imposible; hubo que arrancar los árboles y replantar”.
La arboleda que sobrevivió también sufrió, el exceso de humedad debilitó a los árboles y abrió la puerta a enfermedades. El kaki es muy sensible a las humedades y tras la DANA aparecieron casos de botritis. Esto provocaba que fruta se manchase y se volviese frágil en la recolección.
Golpe económico y humano
El golpe económico fue enorme, aunque las ayudas llegaron con relativa rapidez. “La Conselleria reaccionó pronto y muchos recibimos compensaciones en función de la superficie afectada, también el seguro agrario ayudó, dentro de la catástrofe, tuvimos apoyo y eso nos permitió seguir adelante”, apunta Landete.
Más difícil de digerir fueron las imágenes de las casas arrasadas y las vidas perdidas. Los aspectos materiales, señala, se pueden reponer, aunque cueste, “pero cuando hablamos de personas es otra historia. Ese miedo y esa fragilidad es lo que más nos impactó”, recuerda. “La naturaleza, cuando viene así, no hay quien la frene”.
“La Conselleria reaccionó pronto y muchos recibimos compensaciones en función de la superficie afectada, también el seguro agrario ayudó, dentro de la catástrofe, tuvimos apoyo y eso nos permitió seguir adelante”
Un presente de recuperación
Hoy, un año después, la situación es otra. Rafael se encuentra al 100% operativo. Los árboles han respondido bien y la producción se ha recuperado. Lo que queda es el impacto visual, algunas lindes rotas, caminos aún pendientes de mejora.
De cara a la nueva campaña, el agricultor es optimista, con fruta de calidad y buenos calibres, gracias a unas lluvias recientes que han llegado en el momento justo. El reto ahora son las plagas, sobre todo el cotonet. La calidad la tenemos, pero faltan herramientas eficaces para luchar contra estas amenazas.
El recuerdo de la DANA no se borra
“No podremos olvidarlo. Lo recordaremos mucho tiempo”. Landete reconoce que sintieron lo frágiles que somos frente a la naturaleza, al límite de perder en un día lo que ha levantado en años. Responde con claridad sobre qué se podría haber hecho para minimizar daños, “si hubieran avisado antes, quizá se hubieran salvado vidas. Pero la arboleda se queda en el campo; lo material se repone. Lo que de verdad importa son las personas”.
“Si hubieran avisado antes, quizá se hubieran salvado vidas”
Un año después, la Ribera sigue cultivando kaki, con la esperanza puesta en una campaña de calidad y con la lección aprendida de que los fenómenos extremos ya no son una excepción, sino un reto constante que marcará el futuro del campo valenciano.









