Como responsable de una de las mayores organizaciones de frutos rojos de Europa, he vivido de primera mano la transformación que ha experimentado nuestro sector en los últimos años. Nadie discute la necesidad de avanzar hacia modelos más sostenibles; de hecho, nuestro sector lleva décadas remando en esta dirección. Pero esta transición se está llevando a cabo de manera desequilibrada, con una retirada acelerada de materias activas sin que se aporten alternativas eficaces. Y las consecuencias ya son visibles, tanto en el campo como en los resultados de las empresas.
AMENAZAS AL CULTIVO
Hoy contamos con mucha menos capacidad de reacción frente a plagas y enfermedades. Nos vemos obligados a trabajar de forma casi exclusivamente preventiva, apoyándonos en formulaciones con eficacia limitada y con un control biológico que, aunque imprescindible, no basta por sí solo. La realidad es que estamos defendiéndonos con herramientas incompletas frente a problemas cada vez más complejos.
En cultivos como la frambuesa, donde la inversión en material vegetal es elevadísima, la situación es crítica. Esta misma campaña, la araña roja ha llegado a ocasionar pérdidas del 30 al 40% en variedades tipo primocane. En arándanos extra precoces, la presencia del Scirtothrips aurantii, una plaga llegada desde Marruecos, puede provocar pérdidas de hasta un 50% de la fruta extra precoz, afectando no solo al rendimiento sino también a la calidad.
Son cifras que ponen en riesgo el futuro de muchas empresas.
Y estas situaciones no son excepciones, cada cultivo tiene su amenaza:
- Arándanos: trips, lepidópteros y mosca Suzuki.
- Moras y frambuesas: exactamente los mismos problemas.
- Fresas: oídio, botritis, trips y mosca Suzuki.
RESPUESTA INSUFICIENTE
Nuestra capacidad para programar cosechas, ampliar ventanas productivas o garantizar rendimientos estables se ha vuelto extremadamente vulnerable. En determinadas épocas, sobre todo las más precoces, las incidencias de plagas como el trips pueden comprometer la producción en niveles de 30 a 40%, ya sea por merma de kilos o por pérdida de calidad.
Las alternativas disponibles hoy son insuficientes, pero no son percepciones, sino resultados que vemos día a día. Aplicamos más tratamientos de los permitidos, más mano de obra, más estrategias biológicas, pero todo ellos con menor eficacia y mayores costes por hectárea. Hemos entrado en un círculo ineficiente que amenaza la viabilidad de cultivos estratégicos para Huelva y para toda Europa.
SOLUCIONES Y CONSECUENCIAS
Ante esta situación, considero imprescindible un cambio profundo en la manera en la que se toman decisiones regulatorias. Se necesitan técnicos especialistas, profesionales que conozcan el campo, que entiendan los ciclos biológicos, las realidades agronómicas y los riesgos reales. No podemos seguir avanzando en base a discursos simplistas que ignoran la complejidad de producir alimentos.
También son necesarios apoyos económicos directos, no para sostener estructuras improductivas, sino para invertir en herramientas realmente eficaces,
en innovación aplicada, en soluciones que permitan que la sostenibilidad sea alcanzable en la práctica.
Si seguimos retirando soluciones sin ofrecer alternativas viables, los riesgos son evidentes:
- alimentos más caros,
- abandono de explotaciones,
- recortes drásticos de oferta,
- y paradójicamente, alimentos potencialmente más peligrosos si obligamos a depender de importaciones de países con regulaciones sanitarias más laxas.
Desde mi posición, la propuesta es clara, que la agricultura sea dirigida por quienes entienden la agricultura. Que las decisiones se basen en criterios técnicos y no ideológicos. Que se escuche a quienes trabajan cada día en el campo y conocen las implicaciones concretas de cada cambio normativo.
Esta situación ya afecta a nuestra facturación y, sin duda, afectará todavía más al consumidor final. Lo que está en juego no es solo la rentabilidad del agricultor; es la accesibilidad a frutas de calidad, la estabilidad del suministro y la supervivencia de un sector clave para la economía y el empleo. Necesitamos una transición realista, equilibrada y basada en soluciones.


