La rentabilidad del cultivo de hoja cada año está claramente más ajustada y quien más sufre esta presión son los pequeños productores. El negocio sigue siendo viable en compañías verticalmente integradas y con capacidad de mover grandes volúmenes de producto. De ahí que una de nuestras estrategias sea aumentar la producción para ganar margen, ya que hay determinados costes que bajan al ampliar el volumen.
Desde el año 2020 estimamos que el coste por hectárea se ha incrementado entre un 30% y un 40%, siendo los que más han subido la mano de obra, la energía y el agua. El precio en origen no siempre acompaña el aumento de costes, lo que provoca un estrechamiento progresivo de los márgenes de rentabilidad. El control exhaustivo del proceso productivo nos proporciona una visión global y detallada de todos los costes y nos permiten identificar cuáles pueden optimizarse.
Pero las dificultades no se limitan únicamente a la producción, sino que también se extiende al ámbito de la comercialización, donde la presión sobre los precios es cada vez mayor. Obtener un precio justo es cada vez más difícil, existe una gran presión por parte de las grandes cadenas de retail europeas, ya que buscan precios cada vez más bajos para competir, utilizando a la lechuga como un producto reclamo y, a su vez, exigen estándares muy altos, en calibre, presentación y certificaciones.
Todo esto efectivamente produce un desequilibrio entre el productor y el distribuidor, lo que se ve reflejado en una pérdida de productividad por parte del agricultor ya que el precio en origen no se ve acompañado por el aumento de los costes. Debería haber unos precios en origen que reflejasen el aumento de costes de producción.
Menor productividad
A nivel agronómico, el rendimiento las plantaciones está siendo menor en los últimos años debido a factores climáticos adversos y a las crecientes limitaciones en el uso de productos fitosanitarios. Esa situación genera una mayor irregularidad en los calendarios de plantación y recolección y, a medio y largo plazo, se traduce en un incremento de las mermas y en una mayor volatilidad de la oferta.
Las nuevas variedades alivian parcialmente esta situación, aunque no constituyen una solución definitiva. Los programas de mejora genética avanzan en la adaptación de las variedades a las nuevas condiciones climáticas, a su vez se está produciendo un desplazamiento progresivo de las zonas de cultivo, buscando áreas más favorables para el desarrollo óptimo de las plantaciones.
El verdadero valor del cultivo de hoja está hoy día en el uso variedades que se adapten mejor a la realidad actual y que ofrezcan una mejor relación calidad-costo.
Mano de obra y mecanización
No solo nos limita la falta de mano de obra, sino también los costes que lleva asociados. Con la automatización de determinados procesos es cierto que hay una menor dependencia, especialmente en tareas como la plantación, la recolección y la clasificación.
Lee el artículo en nuestra revista digital:
https://issuu.com/revistamercados/docs/marzo._edici_n_183/81


