Las nuevas leyes que han retirado las materias activas han incrementado los costes de producciรณn y bajado los rendimientos. Esto no ha hecho subir los precios en origen, sino que vendemos al mismo precio que hace veinte aรฑos. Todo se ha realizado rรกpidamente y sin alternativa consensuada por parte de las administraciones.
Las medidas que nos han impuesto para intentar controlar las plagas que asolan nuestros cultivos nos estรกn daรฑando. Nos afecta en nuestro dรญa a dรญa y tememos que nuestra fuente de trabajo, uno de los sectores mรกs importantes de nuestro paรญs, pueda llegar a desaparecer.
Los agricultores hemos tenido que cambiar nuestra forma de trabajar. Las plagas que antes estaban frenadas, se han descontrolado. Estamos sufriendo perdidas incalculables y, ademรกs, daรฑos psicolรณgicos para nosotros, los productores.
El agricultor vive una situaciรณn caรณtica. Uno no sabe quรฉ soluciรณn es la buena ante trips, araรฑa roja, pulgรณn y enfermedades fรบngicas como el oรญdio. Llega un momento en el que solo te queda arrancar tu cultivo y volver a sembrar. No tenemos margen para adaptarnos. Estamos descubriendo las nuevas soluciones que nos dan a base de โprueba y errorโ. Estamos perdiendo dinero y producciรณn.
Todo estรก peor que antes. Ya no tenemos โarmasโ para luchar contra las plagas y pagamos mรกs por las materias primas, aunque eso no se recupera en nuestro bolsillo en forma de mejores cotizaciones. Los polรญticos tienen que estar aquรญ, pisando el barro, y entender lo que les pedimos para que puedan hacer leyes en pro del campo.
Los encargados de cambiar las leyes tienen que estar en el terreno antes de tomar decisiones. Necesitamos que se limite la competencia desleal de terceros paรญses extracomunitarios. Podemos llegar a perder el sector hortofrutรญcola, ese que tan grande hace a nuestro paรญs.
Nos quedamos sin dinero, nos quedamos sin producciรณn. Sufrimos, no sabemos cuantificar el volumen que perdemos. Necesitamos que nos escuchen.


