La proximidad, la sostenibilidad y el apoyo a la producción local son factores decisivos en la decisión de compra, si bien es cierto que el precio continúa siendo importante. En este equilibrio, la manzana nacional ha ganado terreno al ofrecer una “excelente calidad organoléptica”, garantías de seguridad alimentaria y un compromiso con el territorio y la sociedad a un precio competitivo.
Así lo señala el gerente de Fructícola Empordà, que apunta al impulso que ha tenido en este cambio la renovación varietal. Para Miquel Roig, el gran esfuerzo económico realizado por las empresas en la última década en esta línea, así como en mejoras en sistemas de conservación y envasado, han sido claves para conquistar los lineales con manzanas más adaptadas al gusto del consumidor, que destacan por sus altos estándares de calidad durante todo el año.
Las nuevas variedades club como Tessa, Tutti y otras, así como nuevos clones de Gala y Golden como variedades base, han sido seleccionadas por su adaptación climática y su alto valor añadido. “Algunas proceden del programa Fruit Futur, del cual somos socios fundadores, con el objetivo de desarrollar variedades nacidas y, por tanto, bien adaptadas a nuestras condiciones climáticas”, explica Roig.
Grandes superficies
La prioridad para Fructícola Empordà sigue siendo consolidar el mercado nacional y las grandes superficies, “donde vemos margen de crecimiento”. La mayoría de las cadenas han apostado firmemente por la fruta de proximidad con proveedores locales, resalta Roig, “hemos demostrado ser partners totalmente fiables, aportando flexibilidad logística, capacidad de respuesta inmediata y un suministro constante de fruta de alta calidad a precios competitivos durante los 12 meses del año”. Además, añade que los consumidores muestran preferencia por los productos nacionales, lo cual también mejora la imagen de la gran distribución.

