La fresa, la más castigada por el clima
“Llevo casi 30 años en Andalucía y no recuerdo un otoño e invierno con tanta lluvia”, explica Carlos Esteve, director comercial de la cooperativa. Esa climatología tan adversa retrasó la campaña y provocó que una parte de la fruta se quedara en el campo. Los porcentajes de rechazo fueron más altos de lo normal, sobre todo en fresa.
Los vaivenes meteorológicos golpearon especialmente a esta fruta, más vulnerable a la humedad y a los hongos por su cultivo en suelo. Otros berries, como la frambuesa o el arándano, sufrieron también los efectos, aunque en menor medida.
A pesar de las dificultades, los precios de mercado permitieron “salvar la campaña”. Las medias se mantuvieron similares al año anterior, con cotizaciones más altas en el arranque, cuando había menos volumen, y algo más bajas al cierre, coincidiendo con la mayor producción.
En términos de crecimiento en producción, Onubafruit registró un avance del 7% en fresa y de alrededor del 3% en frambuesa, pero fue el arándano el que marcó la diferencia.
El valor creciente de la fresa
La fresa mantiene su liderazgo en volumen y su valor de mercado sigue aumentando. Según Esteve, se trata de un proceso de revalorización tras años “minusvalorada”.
“Es un producto estrella que no puede faltar en ningún lineal y la mejora varietal ha sido clave. Hoy el consumidor recibe una fresa de mayor calidad, que aguanta más y que se produce con técnicas más cuidadas”, explica.
También influye el perfil de los agricultores: quienes han permanecido en este cultivo son productores especializados, capaces de obtener mejores resultados.
El crecimiento futuro, sin embargo, se prevé limitado. Las restricciones de agua, la disponibilidad de tierra y la mano de obra actúan como freno. “Son crecimientos ligeros. No veremos incrementos bruscos en hectáreas ni producción”, señala Esteve.
La selección diaria de los mejores frutos y la aplicación de tecnología avanzada garantiza que sus berries y cítricos sean un producto único
Arándanos: un antes y un después
El auténtico cambio de rumbo lo marcan los arándanos. La cooperativa ha incorporado nuevas variedades más productivas y adaptadas que le han permitido extender el calendario y producir en momentos del año en los que antes no estaba presente.
“Hace cinco años apenas un 5% de nuestra producción de arándanos procedía de estas variedades. Este año, entre un 60 y 65% ya viene de ellas”, detalla Esteve.
La revolución varietal ha transformado por completo la curva de producción y ha impulsado la facturación. El arándano, de hecho, ha superado ya a la fresa en valor económico, aunque esta última sigue por delante en volumen.
La clave del éxito reside en la combinación de factores: producción más estable, calidad superior y cercanía al mercado europeo. “Competimos con productores de todo el mundo, pero nuestra posición geográfica nos permite llegar rápidamente a los principales destinos europeos”, añade el director comercial de Onubafruit.
Juventud y planificación a largo plazo
Más allá de los cultivos, el sector vive un cambio generacional. Los nuevos perfiles aportan una visión de futuro distinta a la de sus predecesores. “Antes se planificaba campaña a campaña. Hoy hablamos de proyectos a ocho años vista, especialmente en plantaciones de arándanos”, subraya Esteve.
La necesidad de pensar en el largo plazo responde también a las limitaciones estructurales: la disponibilidad de agua, la falta de terreno cultivable y la escasez de mano de obra. Factores que obligan a tomar decisiones estratégicas y a anticipar escenarios.
El reto, según Esteve, es mantener el equilibrio entre innovación y sostenibilidad, y entre producción y mercado. “Vivimos en un mundo globalizado e incierto. Nuestra labor es dar confianza a los agricultores y, al mismo tiempo, trabajar con clientes que compartan una visión de futuro y estrategias de crecimiento comunes”, resume.

