Fernando Perea y Alicia Lozano
Cuando empezamos con el formato “A Debate”, hace ya cuatro años, lo hicimos con la idea de generar una conversación y profundizar con los diferentes actores de la cadena. Siempre idealizábamos una mesa en la que productores se sentaban junto a los supermercados para reclamar una situación de desequilibrio provocada por la presión de precios del mercado. Llevábamos años escuchando las demandas del campo hacia la distribución, que parecía solo mirar al consumidor. También el productor se había centrado tanto en su cultivo que no oía la demanda de la cadena, producía y luego se encargaba de vender lo cosechado. Por suerte, la realidad hoy es completamente distinta.
En este mes de septiembre organizamos y tuvimos la oportunidad de poder sentar en una mesa a cuatro grandes productores, tres supermercados nacionales y la asociación que los representa en la sede de la Asociación 5 al Día. Con un contexto muy alejado del imaginario colectivo habitual, ambas partes han reconocido haber alcanzado un lenguaje común que los eleva exponencialmente a una distribución hortofrutícola ejemplar en el mundo, aunque reconocen que queda mucho trabajo por hacer.
La mesa, que fue moderada por la directora de la revista Mercados, Amalia del Río, reflejó un gran orgullo por el sector hortofrutícola español, un antes y un después tras la pandemia, cuando se garantizó el abastecimiento pese a la incertidumbre de ese momento. Desde ahí todo está cambiando y evolucionando con planificación, estabilidad, innovación y capacidad para adaptarse a la demanda del consumidor, introduciendo constantemente novedades y tecnología, que adecúa su oferta.
Sin embargo, existe una gran preocupación porque la sociedad en general desconoce su realidad. Fuera de los foros profesionales no se reconoce la fortaleza de la cadena ni su excelencia. Esa falta de visibilidad genera vulnerabilidad, ya que facilita críticas, desconfianza, presiones políticas y regulatorias. La necesidad de comunicar se antoja imprescindible para reforzar su solidez y transparencia.
El sector sabe que esto no se detiene y hay que mirar al futuro, que lo alcanzado en casi cinco años puede verse amenazado por un entorno geopolítico tan sensible como en el que vivimos hoy. El engrase de la cadena debe estar en constante revisión y mejora, vienen años por delante que requerirán una mayor unidad e influencia para que la posición de las frutas y hortalizas no dé un paso atrás. Pero también se tendrá que adaptar el mensaje con el que vendemos nuestros productos, ya no basta con apelar a la salud, hay que hablar al consumidor de emociones y experiencias, y por qué no, de orgullo.
El futuro se presenta desafiante, pero el sector está preparado para afrontarlo con las mejores garantías y herramientas a su disposición.
Cómo hemos llegado hasta aquí
Hace unos años las relaciones entre la producción y la distribución eran muy distantes. Por un lado, la distribución era vista por el sector productor como un operador que ejercía una presión sobre el precio del producto sin tener en cuenta los condicionantes propios del primer eslabón y con el que se sentían “sometidos”. Por otro, el productor carecía de falta de programación en los cultivos y, además, se desconocía la demanda del consumidor para saber responder a ella. Todo ello contribuía a una tensa relación que, a día de hoy, “ha cambiado radicalmente a partir del COVID”, coinciden los interlocutores de esta mesa de debate. Esta forma de relacionarse ha dado un vuelco ante situaciones críticas de necesidad de abastecer a la población europea, tornando a un trato cercano, de escucha activa y colaboración entre los diferentes eslabones de la cadena.
“Simplificando muchísimo, antes se plantaba y luego se intentaba vender lo plantado”, comentó Enrique de los Ríos (UNICA). Ahora se planifican los cultivos a varios años vista. Con este nuevo modelo de negocio de prever lo que se va a necesitar que han adoptado, se le garantiza a la distribución el suministro en el lineal y al productor su rentabilidad al darle salida a su producto sin problemas.
Un buen ejemplo de esta práctica podría ser la llamada ‘Operación Despensa’ como señala Juan Marín (Cricket), en la que el eslabón productor planifica de forma conjunta con la distribución con un año de antelación qué van a plantar en junio del año próximo para dar respuesta a la necesidad del consumidor de llenar su despensa a la llegada de las vacaciones en el mes de septiembre. Otro ejemplo se da especialmente en cultivos como los cítricos, según indica Quico Peiró (Cañamás): “Nosotros tenemos mayor dificultad en cambiar los cultivos y por eso hay que analizar la programación con un horizonte de cinco a diez años”.
Esta alta capacidad de programación, de colaboración y profesionalización en la cadena se ha venido trabajando desde hace décadas, sin embargo, ahora se ha generalizado, y fue la pandemia el punto de inflexión que ha marcado un antes y un después en su funcionamiento.
Un antes y un después
El COVID forzó una inevitable evolución de la cadena de valor creando entre productores y distribución una relación más transparente, duradera en el tiempo, de confianza y de colaboración constante que ha ayudado a ambos a profesionalizarse y posicionar a la distribución en un lugar privilegiado en el mercado.
COVID
Si algo bueno trajo la pandemia fue “esa necesidad de trabajar juntos; con ella comprobamos que, el sector, si se agrupa, es capaz de cubrir todo”, apuntó Miguel Ángel Heras (Makro). “Durante el COVID demostramos que fuimos de los países que mejor respondieron en Europa para garantizar el producto en el lineal”, detalló Ignacio García Magarzo (Asedas), mientras en algunos países se sufrieron capítulos de desabastecimiento.
Y esta necesidad de trabajar de la mano se ha convertido en una forma de actuar. “Hemos creado una relación de confianza y respeto con el productor, nos sentamos, cerramos un programa y llegamos a un punto de entendimiento en el precio donde todos estamos cómodos”, explicó José María Lezcano (Ahorramás). Además, “a nivel de producción, se ha entendido que hay que adaptarse al cliente”- Jesús Antonio García (Consum)-. Como manifestó José Manuel Coello (Patatas Meléndez), “no nos queda otra que tener mucha claridad, transparencia y visión a medio plazo de lo que se va a necesitar para poder satisfacer la demanda de la distribución”.
La cadena de valor actual
• Programas cerrados planificados con mucha antelación
• Oferta de un producto de alta calidad y seguridad alimentaria
• El precio se fija a final de campaña
Auge de los supermercados y del lineal de F&H
Toda esta situación ha llevado a que la distribución haya tomado un mayor impulso en su crecimiento desde el Covid hasta ahora, tomando especial protagonismo su sección de fruta y hortaliza. Los supermercados han alcanzado una cuota de mercado de más del 50% en España en lo que se refiere a alimentación y tienen previsto seguir creciendo en valor un 4,5% a final de 2025 según Nielsen IQ. Una muestra de ello es que la apertura de tiendas es constante; sin ir más lejos, en este 2025 se prevén 850 establecimientos más, según Asedas, después de que en el primer trimestre se registraran 244 aperturas, un 25% más. El haber superado el desafío de la pandemia conciencia al sector de que es capaz de todo, y que la incertidumbre geopolítica y comercial actual no les frena.
La fruta y la hortaliza en los supermercados
Este lineal ha crecido en los últimos años en la distribución, copando la cuota de mercado debido al cambio producido en las relaciones de la cadena y su profesionalización,
lo que ha propiciado tener en el lineal una mayor calidad de fruta y verdura que el consumidor ha sabido apreciar. Sin duda, la distribución ha dado un salto en este sentido poniendo a la categoría como la sección principal, apostando por su innovación y desarrollo.
¿Por qué suben los precios de los alimentos? Se pregunta el consumidor
La subida de precios en la cesta de la compra es uno de los asuntos que más preocupa hoy a la sociedad. Cada visita al supermercado genera la sensación de que “todo está más caro”, y el consumidor necesita respuestas que la cadena debe responder.
Costes que no se ven
“Estamos haciendo bien las cosas, pero la sociedad no entiende por qué el precio ha subido. Hay que explicarlo y acercarlo a la realidad”; con esta rotundidad comenzó el bloque sobre precios. Los productores son claros, los costes han subido y lo han hecho para quedarse. La falta de mano de obra en el campo, el encarecimiento del transporte, la subida de la energía y las exigencias administrativas hacen que producir alimentos frescos sea hoy mucho más caro que hace apenas unos años.
El problema es que muchos de esos costes son invisibles para el consumidor. Se da por hecho que “un kilo de patatas debería costar lo mismo de siempre”, sin reparar en que el camión que lo transporta paga a mayor precio el gasóleo, el conductor cobra un salario mayor o que el supermercado abre también en festivos, lo que encarece el servicio.
La distribución, por su parte, reconoce que es un trabajo conjunto, que debe hacerse por ambas partes, con campañas de comunicación y promoción que expliquen qué hay detrás de cada precio. Porque la realidad es que el consumidor quiere un buen producto al mejor precio posible.
El error de hablar solo con porcentajes
En el debate coincidieron en que las explicaciones técnicas no siempre funcionan. Hablar de un “600% de incremento en transporte” suena abstracto y, en ocasiones, exagerado. El consumidor no traduce ese porcentaje en lo que significa para el precio final de su compra. Por eso, se insistió en la necesidad de explicar la cadena de valor de manera más sencilla: cuánto corresponde a la producción, cuánto a la logística, cuánto al espacio comercial. Un relato cercano que haga visible todo lo que hay detrás de un kilo de fruta o verdura.
Sin embargo, otra parte de la mesa defendió que el sector agroalimentario debe dar un paso más allá. No basta con racionalizar los precios, hay que generar emoción, deseo y orgullo de consumir producto fresco y local. “Las marcas de bebidas gaseosas nunca explican cuánto cuesta su logística. Venden una emoción, la fruta y la verdura necesitan un relato propio”. El contraste entre percepciones es llamativo: nadie cuestiona pagar tres euros por un refresco en un bar, pero se considera caro pagar lo mismo por fruta suficiente para alimentar a una familia durante varios días. El problema, concluyeron, no es solo de precio, sino de percepción y de valor atribuido.
El sector debe luchar contra los casos, como por ejemplo, donde se informa de una subida de precios de la alimentación y la imagen que acompaña la noticia suele ser la de una frutería. El mensaje que queda en el imaginario colectivo es que lo que más sube es la fruta y la verdura, aunque otros sectores hayan registrado incrementos mucho mayores. Un comentario sobre la “patata cara” puede convertirse en titular, mientras nadie menciona que, en la misma temporada, la sandía estaba a precios bajísimos, dejando a muchos agricultores con pérdidas.
Respecto a quién debe liderar la explicación al consumidor, hubo unanimidad en que la responsabilidad es compartida. Productores, distribuidores y supermercados tienen un papel que jugar, “porque si nosotros no hacemos ese trabajo, alguien nos lo hará y no será en nuestro beneficio”.
Tareas pendientes:
• Explicar mejor la cadena de valor: el consumidor necesita entender qué hay detrás del precio, pero con un lenguaje claro y sin tecnicismos que lo alejen de la realidad.
• La emoción es fundamental: más allá de los datos, el sector debe construir un relato atractivo que conecte con el orgullo, la salud y la cultura de la alimentación.
• Combatir la percepción negativa: contrarrestar la manipulación y los clichés que hacen de la fruta y la verdura “los culpables” de las subidas de precios.
• Trabajo conjunto, la responsabilidad es compartida: productores, distribuidores y supermercados deben trabajar juntos para transmitir valor y orgullo de sector. Generar campañas sólidas que defiendan el valor de las frutas y hortalizas.Hablar de precios es hablar mucho más que de cifras. Detrás de cada kilo de fruta hay una historia de trabajo, logística, inversión y esfuerzo colectivo que rara vez se ve reflejada en la etiqueta. Y el gran reto del sector es conseguir que esa historia llegue al consumidor, no solo para que entienda el precio, sino para que valore lo que tiene delante de su mesa.
Colaboración
A pesar de las dificultades, los asistentes coincidieron en que España cuenta con una de las mejores cadenas de suministro del mundo. Poder comprar fruta y verdura fresca a precios asequibles, en cualquier punto del país, en cualquier época del año, es un privilegio que no existe en países con mayor renta per cápita.
Para revertir esta situación se planteó la necesidad de campañas conjuntas, de carácter nacional, que pongan en valor el producto local y expliquen su importancia no solo en términos de salud, sino también de cultura y economía. De ahí la necesidad de fomentar un sentimiento de orgullo de sector y comunicarlo al consumidor, no solo como un beneficio económico o de salud, sino también como un logro colectivo.
Innovación
El desarrollo de la cadena de valor española no podría haber sido posible sin la inversión en innovación que han llevado a cabo los diferentes eslabones. La automatización en campo y almacén para optimizar costes, el desarrollo varietal, la apuesta por nuevos productos y presentaciones, nuevas zonas de producción… han llevado a revolucionar el lineal junto con el compromiso de la distribución, que ha estudiado qué busca el consumidor y apostado por estas innovaciones. “Si la distribución no acompañara la innovación, sería imposible desarrollar nuevos productos y enseñar al consumidor nuevos hábitos de consumo”, explicó en la mesa redonda Juan Manuel Coello (Patatas Meléndez).
A lo que añadió Quico Peiró (Cañamás): “España en producción agrícola es el país más evolucionado del mundo con una capacidad de trabajo, de automatización, con unos recursos de industrialización de las labores agrarias que no tienen nada que ver con la imagen que tiene el consumidor de a pie sobre el campo”.
Por ejemplo, no es cierto lo que dicen de que “los tomates no saben como antes, ya que se ha llevado a cabo un desarrollo varietal brutal”, comentaba José María Lezcano (Ahorramás). De hecho, en este supermercado es una categoría por la que apuestan fuertemente, contando con 22 referencias, un lineal que le aporta un crecimiento en la venta de tomate del 15%. Desde Asedas, Ignacio García añadió que hoy por hoy “hay grandísimos ejemplos de tecnología, investigación, de proyectos de colaboración con universidades que desarrollan iniciativas alucinantes que ayudan a alcanzar esta dimensión innovadora”.
Ideas clave
El problema no es sólo de precios, sino de percepción
La comunicación al consumidor y la colaboración son claves
El valor del producto fresco está infravalorado
También la patata como categoría ha llevado a cabo un desarrollo inigualable, teniendo en cuenta que antes la campaña nacional era muy corta y han logrado alargarla hasta 10 meses. “Al cliente se le ofrecen productos que no habíamos soñado hace diez años”, añade. Un fenómeno que se ve también reflejado en las sandías, que en esta temporada ha tenido una excelente calidad, “cuando antes teníamos problemas siempre en agosto”, al igual que en fruta de hueso, donde se han renovado genéticamente las plantaciones por variedades que priorizan grados Brix altos…y así un no parar.
Y el sector del fresco presenta continuamente nuevas propuestas de desarrollos para responder a esa conveniencia que el cliente exige hoy día. También porque hay un trabajo importante de valorizar el producto y “facilitar la conveniencia de nuestros productos es uno de los objetivos que tenemos para que no se desplace el consumo”, detalla Juan Manuel Coello (Patatas Meléndez).
Por su parte, en el canal de hostelería, según define Miguel Ángel Heras de Makro, la fruta y verdura siempre es la guarnición y trabajan por lograr un mayor peso. Para ello, confían en la creatividad de los cocineros, “que son pioneros en tendencias y ponen de moda ciertos productos al realizar presentaciones diferentes como es el caso del tomate morado”. El responsable de compra de fruta y hortaliza afirmó que transmiten las demandas de los chefs a los agricultores, «un tomate con menos piel, de otro calibre, menos acidez… Tenemos que trabajar mucho el conocimiento del producto”.
Pero, como apunta Juan Marín (Cricket), “siempre se puede hacer más”. Por ello, para esta campaña cuentan con una tecnología innovadora de mecanizado automático basada en inteligencia artificial que permitirá mejorar la selección de un producto de calidad y, al mismo tiempo, hacer frente a la cada vez más frecuente falta de mano de obra. “Esa eficiencia es necesaria”.
La innovación llega al sector de frutas y hortalizas por muchas vertientes y es absolutamente necesaria para el desarrollo de la sección, desde el primer al último eslabón.
Orange Sunglow, ejemplo de innovación
Muestra de que la distribución apoya e impulsa determinados proyectos innovadores es esta sandía de Rijk Zwaan de carne naranja que produce UNICA, entre otros. En Ahorramás ha supuesto todo un éxito en el lineal ya que han comercializado un volumen de 110.000 Kg esta temporada, lo que no supone un porcentaje alto en el total de sandía, pero sí como una nueva experiencia de compra al cliente y aporte de valor para el lineal. Ha sido todo un ejemplo de trabajo conjunto de la cadena.
Una categoría en constante evolución
El campo español es una verdadera industria tecnificada, profesionalizada y con una inversión ingente en innovación en todos los ámbitos que el consumidor de a pie desconoce. El desarrollo del lineal y del consumo de frutas y hortalizas no hubiera sido posible sin esta innovación constante.
«Si no hacemos marketing o lobby en favor del sector, otros vendrán a hacerlo en nuestro perjuicio»
Una de las ideas que resonaron con más fuerza de cara al futuro es que la cadena agroalimentaria española necesita dar un paso más allá en su capacidad de influencia. No basta con producir con excelencia o distribuir con la mayor eficiencia. Hace falta un lobby fuerte y cohesionado entre los eslabones, acompañado de una estrategia de comunicación sólida que ponga en valor los alimentos frescos frente a la opinión pública, los medios y los responsables políticos.
Ante la pregunta de cómo instrumentalizar este grupo de presión la respuesta fue clara: todos unidos, de manera coordinada. Porque, si no lo hacen, otros ocuparán ese espacio: los ultraprocesados con campañas de marketing millonarias, las grandes multinacionales que imponen narrativas globales o los movimientos ambientalistas que condicionan leyes sin contar con la voz de los agricultores. Lo ejemplifica Enrique de los Ríos, con un consumidor que en un lineal ve un plátano de Canarias y dice “esto es caro”, ¿por qué? Porque ha visto en el telediario subida de precios de alimentación y una imagen de una frutería. “Eso no es casual” añade, “o defendemos nuestra imagen con lobby y marketing, u otro sector vendrá, lo hará y saldremos perjudicados”.
Reglas de juego desequilibradas
Varios participantes apuntaron, a continuación, al ámbito regulatorio que rige al sector, “el sector primario se encuentra en clara desventaja”. En Europa, donde se legislan muchas de las normas que afectan al campo, la representatividad del sector es débil y fragmentada.
“Otros sectores saben decir ‘hasta aquí’. Nosotros seguimos trabajando productividad, rentabilidad y vida útil sin recibir nada a cambio, ni para el producto, ni para la sociedad, ni para el medio ambiente”, lamentó Quico Peiró (Cañamás). A lo que Enrique de los Ríos añadió que “tenemos que empoderar a nuestras asociaciones para que puedan sentarse a nivel nacional o europeo y que nos oigan”.
El ejemplo de Estados Unidos se puso sobre la mesa: allí el lobby agroalimentario tiene presencia permanente en las instituciones, con capacidad real de influencia. El sector español, en cambio, sigue disperso y con escasa fuerza negociadora, “debemos aprender de ellos”.
El agroalimentario español carece de un lobby fuerte, no tiene el poder de influencia de multinacionales como Nestlé o Unilever, ni tampoco el peso mediático de la industria de refrescos o la carne. “Y, sin embargo, tiene un atributo único: el saludable, respaldado por la ciencia y por la cultura mediterránea”, desarrollaba Jesús Antonio García (Consum).
El reto está en convertir ese atributo en un relato positivo y en un poder de influencia real, tanto ante los consumidores como ante los legisladores. Para ello, se coincidió en que es necesario empoderar más aún a las asociaciones sectoriales y dotarlas de capacidad de representación a nivel nacional y europeo.
Marketing emocional
Además del plano político, el debate apuntó a la necesidad de mejorar la comunicación hacia el consumidor. Hoy, cuando una persona se coloca frente al lineal de fruta y verdura, decide en apenas siete segundos si compra o no. Y esa decisión depende menos del coste real que de la percepción emocional que tenga del producto.
Mientras otros sectores trabajan con estrategias de marketing aspiracionales —vender disfrute, placer, estilo de vida—, la fruta y la verdura siguen atadas al discurso racional: salud, raciones diarias, precio justo. Un mensaje que, aunque cierto y necesario, no conecta del todo. “Promocionar el brócoli como anticancerígeno ya no funciona. Necesitamos hablar de disfrute, de cercanía, de calidad, de seguridad”, coincidieron Juan Marín (Cricket) y Juan Manuel Coello (Patatas Meléndez).
Ideas clave
Necesidad de un lobby fuerte y coordinado
Construcción de un relato común y positivo
Evolución del marketing hacia lo emocional
Un sector fuerte, pero sin relato
El mensaje final fue esperanzador: España tiene un sector agroalimentario moderno, eficiente y capaz de ofrecer productos frescos de alta calidad como pocos países en el mundo. Lo que falta no es fortaleza productiva, sino un relato común y la capacidad de hacerlo llegar a quien importa: al consumidor y a los responsables políticos.
En resumen, el sector agroalimentario español no puede limitarse a producir y vender: necesita unir fuerzas, hacer lobby y construir un relato colectivo que lo defienda frente a los retos regulatorios y que lo ponga en el lugar que merece en la percepción de la sociedad.
Enrique de los Ríos, UNICA

“He visto en los últimos diez años una evolución tremendamente positiva de la distribución española que ha sabido evolucionar y adaptarse a una situación compleja”
“Hay tiempos convulsos y mucha volatilidad, por lo que poner en el lineal algo que el consumidor quiera comprar exige un esfuerzo conjunto entre producción y distribución”
“Bebidas y procesados no explican cómo se construye el precio ni que son justos. Entre todos tenemos que hacer un marketing de consumidor potente de frutas y hortalizas para que quieran comprarlas, y luego hablaremos de precio”
“En nuestro sector ya no queda otra que explicar el dato, pero aún tenemos que explicar el relato y salirnos de la racionalidad de los números”
Jesús Antonio García, Consum

“Los supermercados pueden garantizar en este país un valor real de futuro y una sostenibilidad en toda la cadena de suministro”
“Ya no nos enfocamos en precios de exportación; hemos entendido que en España hay que hacer cosas distintas”
“Aunque hemos transmitido los costes que construyen el precio en muchos foros, es cierto que no hemos hecho campañas a nivel de cliente”
“Tenemos que trabajar para evitar que la información que le llega al consumidor esté manipulada porque es muy fácil confundirle y todos vamos a comprar varias veces a la semana”
Ignacio García Magarzo, Asedas

“En paralelo al grandísimo cambio que se ha producido con ese protagonismo de los supermercados de cara al consumidor, también ha habido un cambio en las relaciones con la cadena”
“Hay otros países donde el consumidor no tiene esa capacidad de comprar fruta y verdura fresca de calidad vivas donde vivas”
“Creo que debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance y luego tener una parte reactiva para que no se desinforme sobre el trabajo que hace la cadena”
“Hay que crear un sentimiento de orgullo, decirle a la gente que tenemos la enorme suerte de vivir en el país donde mejor fruta y verdura se produce. Una parte emocional no solo de productos”
Juan Marín, Cricket/Campo de Lorca

“Los supermercados siguen creciendo porque no solo ponemos el foco en la producción, sino también en la demanda del cliente”
“Existía la falsa creencia de que la mejor calidad se destinaba a la exportación, pero esa idea ha quedado denostada. El consumidor español tiene el mismo nivel de exigencia que cualquier otro
consumidor europeo”
“El tema del precio es importante porque tenemos que seguir siendo competitivos, no se trata solo de contentar a los consumidores”
“El nuevo contexto y la relación con la distribución favorecen tanto la planificación como la consecución de precios razonables y sostenibles campaña tras campaña”
José María Lezcano, Ahorramás

“Lo importante es que debemos tener producto para poder venderlo, si no lo tenemos, no venderemos”
“Nos rodeamos de productores y no elegimos a cualquiera, sino al que nos ayuda a crecer”
“Tenemos que volver a poner de moda comer fruta, ya lo hicimos en la pandemia, de esta manera el precio no será una prioridad”
“No se debería mostrar solo la frutería cuando sube la cesta de la compra, habría que mostrar la escala de costes”
Juan Manuel Coello, Patatas Meléndez

“Un punto muy importante para las empresas es la innovación; si la distribución no la acompaña, sería imposible desarrollar nuevos productos y hábitos de consumo”
“Tenemos que asegurar una rentabilidad antes de plantar y la distribución nos la garantiza”
“Nosotros vivimos esta presión de precios de manera muy intensa. Además, al tratarse la patata de un producto comoditizado, apenas nos queda margen. Por eso, debemos esforzarnos mucho en generar conocimiento y en explicar al consumidor de dónde provienen realmente estos precios”
“Uno de los objetivos que tenemos para que no se desplace el consumo es facilitar la conveniencia de nuestros productos”
Miguel Ángel Heras, Makro

“La sección de fruta y verdura representa un 7,8% del total de la facturación de Makro, con un nivel de penetración del 62%”
“Tenemos que garantizar la disponibilidad de producto a nuestros clientes hosteleros y solo podemos hacerlo yendo de la mano con el proveedor y haciendo esa planificación de campaña”
“En un bar un refresco vale tres euros y nadie pone en duda ese valor, en tienda comprar fruta es muy caro. Pero con tres euros se come una buena fruta toda la semana”
“Es un problema de percepción de precio donde interviene la emocionalidad, ¿a qué queremos darle valor y a qué no?”
Quico Peiró, Cañamás

“La tendencia es a que haya menos especulación, más programación y más desarrollo de un proyecto común”
“Los campos de España son auténticas industrias de producción”
“La realidad es que, por una parte, hay un consumidor que no es consciente de lo que provocan las subidas de coste y lo que quiere es el producto al mejor precio. Y, por otro lado, un productor que quiere que se defienda al máximo su producción al mejor precio. Y, en medio, el distribuidor intentando equilibrar la situación”
“Hay una multitud de costes que el sector, en toda su verticalidad, se ha olvidado de defender. Hemos dejado en manos de un tercer player los costes burocráticos y administrativos”



