Para muchas empresas del sector primario, hablar de marca aún le suena a algo muy lejano, más vinculado a la industria o al marketing urbano. Sin embargo, aquellos que ya han apostado por trabajar su identidad visual afirman que los beneficios son tangibles y rápidos en percibirse, mejorando la confianza del cliente, así como la facilidad para entrar en nuevos mercados y una mayor fidelidad en los canales de distribución.
En este sentido, cabe señalar que contar con una marca es mucho más que tener un logotipo. Consiste en desarrollar una narrativa visual y verbal que esté presente en cada punto de contacto, desde el etiquetado del producto hasta la comunicación en redes, pasando por los folletos, catálogos y tarjetas que se entregan en ferias o reuniones con compradores.
El poder de una tarjeta de visita bien hecha
Las ferias agroalimentarias, tanto nacionales como internacionales, se han convertido en espacios clave para establecer relaciones comerciales y abrir puertas a otros mercados. En este tipo de encuentros, la imagen que se proyecta marca la diferencia entre despertar interés o quedar relegado en el olvido.
Contar con tarjetas de visita bien diseñadas, impresas en materiales de calidad y alineadas con la identidad visual de la firma es una herramienta básica para generar confianza. Una tarjeta dice mucho: transmite orden, compromiso y profesionalidad. No es lo mismo entregar un papel improvisado con un número de móvil que una tarjeta cuidada, que respira la esencia del producto y del equipo que lo respalda.
Además, en el entorno digital actual, estos pequeños gestos tangibles siguen teniendo un gran valor. Son memorables, permiten dejar huella y ayudan a continuar la conversación una vez ha terminado el evento.
Packaging con personalidad, mucho más que una etiqueta
En los supermercados, las cooperativas o las tiendas especializadas, los productos agroalimentarios compiten entre sí por su calidad, pero también por su capacidad para llamar la atención y comunicar valor en pocos segundos. Y es ahí donde el packaging se convierte en un aliado estratégico.
La elección de colores, tipografías, materiales y elementos distintivos, como pueden ser cintas, etiquetas o adhesivos marcan la diferencia entre pasar desapercibido o destacar. Cada elemento debe sumar y reforzar lo que la compañía quiere transmitir: tradición, sostenibilidad, frescura, innovación…
Una de las herramientas más versátiles en este campo es imprimir pegatinas para personalizar productos. Desde pequeños adhesivos con el logo para cerrar envases hasta pegatinas promocionales con mensajes de temporada o ediciones limitadas, estas soluciones permiten añadir un toque único sin necesidad de modificar todo el envase. Son económicas, adaptables y muy efectivas para reforzar la identidad visual.
En definitiva, en un sector donde la calidad del producto es esencial, pero no siempre suficiente, la imagen de marca se ha convertido en una extensión del propio valor agroalimentario y cuidarla es una necesidad estratégica.