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¡Que inventen otros! Las nuevas técnicas genéticas a debate

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La Comisión europea acaba de publicar un estudio sobre “las nuevas técnicas genéticas” qua ha vuelto a relanzar el debate sobre los organismos genéticamente modificados[1]. El estudio concluye que estas técnicas “tienen el potencial de contribuir a sistemas agroalimentarios sostenibles en línea con los objetivos del Pacto Verde Europeo y la Estrategia de la granja a la mesa”.

Para comprender bien los términos del debate, conviene explicar algunas cosas. Lo voy a intentar desde mi condición (asumida) de no-especialista en estas lides.

Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) “clásicos” son el resultado de la transferencia programada de genes entre distintos organismos. Consiste en la formación de nuevas combinaciones de genes por el aislamiento de un fragmento de DNA, la creación en él de determinados cambios y la reintroducción de este fragmento en el mismo organismo o en otro.

Dichos organismos están regulados por la Unión Europea. La normativa les somete a un proceso de aprobación que diferencie entre la autorización de cultivo (en función de los posibles problemas medioambientales que podría plantear el cultivo) y la de puesta en el mercado, en función de los problemas potenciales diferenciando entre consumo animal y consumo humano. En particular en relación al cultivo, los Estados miembros tienen, aunque el producto esté autorizado, margen discrecional para seguir prohibiendo su siembra.

Recientemente, ha cobrado importancia una técnica genética conocida como CRISPR en la que no hay intercambio genético sino activación y desactivación de distintos genes del propio animal o de la propia planta. Un tribunal francés tuvo que resolver un conflicto al respecto e hizo una pregunta de interpretación de la regla comunitaria a la Corte de Justicia Europea.

Muchas veces las respuestas dependen de cómo se formulan las preguntas. La pregunta fue si el CRISPR era una técnica de modificación genética o no, y la respuesta lógica de la Corte fue que sí. A continuación, el tribunal francés dijo que, entonces, la legislación aplicable era la primera mencionada, la de los OGM “clásicos”.

Este es precisamente el debate que se ha relanzado con el estudio último de la Comisión. Como siempre, las “nuevas técnicas” son potencialmente portadoras de grandes avances y de grandes peligros, todo depende de cómo se usen. Es el caso típico en el que conviene aplicar el principio de precaución.

Mucho se ha hablado sobre este tema, en particular por algunos que no se han leído la Comunicación de la Comisión sobre dicho principio aprobada en el año 2000[2]. “Precaución” no equivale a “parálisis”. Dicha Comunicación incorpora todo un capítulo relativo a la “proporcionalidad”:

“Las medidas consideradas deben permitir alcanzar el nivel de protección adecuado. Las medidas basadas en el principio de precaución no deberían ser desproporcionadas con relación al nivel de protección buscado ni pretender alcanzar un nivel de riesgo cero, que raramente existe”. En ciertos casos, la prohibición total puede no ser una respuesta proporcional aun riesgo potencial, mientras que otras veces puede ser la única respuesta posible. Algunas medidas de reducción del riesgo pueden implicar alternativas menos restrictivas que permiten alcanzar un nivel de protección equivalente.“

Si las nuevas técnicas son diferentes a las primeras que se utilizaron, cabe plantearse si el procedimiento de autorización actualmente en vigor es “proporcionado” a los riesgos que se incurre. La pregunta es legítima y no cabe evacuarla rápidamente.

El caso de las frutas y hortalizas

El caso de las frutas y hortalizas es especial. La promoción de su consumo está basada en una imagen de producto natural y de producto sano. Además de su gama infinita de sabores, además del placer de disfrutar de ellas, su consumo regular, 5 al día por lo menos, es parte de una alimentación sana y sostenible.

En estas condiciones, al menos mientras nuestra opinión pública tenga las reticencias que tiene, mientras los aportes que estas técnicas (viejas y nuevas) no aporten un beneficio claro para el consumidor, seguiré convencido que no conviene autorizarlas.

Esta fue la postura que defendía cuando era el responsable europeo de las frutas y hortalizas, esta es la que defiendo todavía hoy que me he vuelto El Paranoico. No es para nada técnica, es totalmente pragmático y comercial. ¡Que hagan cambiar de opinión a los consumidores otros, u luego hablaremos!

Pero no creo que el sector deba ser punta de lanza en un tema como este, al menos claro que seamos capaz de aportar un plus para el consumidor como prevenir el cáncer, reforzar nuestras defensas para resistir al COVID, o algo parecido.

¡Que innoven e inventen otros!

[1] https://ec.europa.eu/food/plant/gmo/modern_biotech/new-genomic-techniques_en

[2] https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:52000DC0001&from=ES

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