Siguiendo mi argumento anterior, me quedan dos aspectos que quiero tratar, que son el papel medioambiental de la agricultura y el papel económico, hablando ya más de la parte comercial.
Voy a empezar por la parte medioambiental porque como la casualidad a veces opera de forma providencial y en los días que han pasado entre mi entrada anterior y esta, me he encontrado con material muy interesante para alimentar esta reflexión.
He estado participando en un debate sobre sostenibilidad en un foro virtual, con gente de todo el mundo. En un extremo están los que defienden que la sostenibilidad es alimentar a toda la población del mundo a costa de lo que sea (corporativismo a ultranza), y en el otro están los que quieren preservar los ecosistemas a costa de lo que sea y mitigar el cambio climático (ambientalismo a ultranza). En medio hay tantas posiciones como peces en el mar. Pero uno de los argumentos que me ha parecido más útil, y que va en consonancia con la actividad que tuvo Zerya el pasado 23 de junio en Huelva es el debate sobre el patrimonio ecológico que ostentan los agricultores y más particularmente, el suelo. Voy a obviar la parte de la hidroponía para poder centrarme en este argumento.
¿En qué va lo de buscar una agricultura sostenible? El suelo es un recurso finito, y los depositarios de ese recurso son los agricultores, además la agricultura no puede expandirse ilimitadamente porque hay espacios naturales que no deben alterarse, hay presión urbana por usar el territorio y suelos no aptos para ninguna actividad económica. Pues bien, con ese suelo del cual la humanidad dispone para cultivar, los agricultores deben producir alimentos y materias primas para todos los demás y hacerlo de forma continua, con que ciclo tras ciclo, el agricultor debe preocuparse de que ese suelo sirva para cultivar la campaña siguiente, y las generaciones siguientes, por lo que, aun y teniendo títulos de propiedad sobre los terrenos, la necesidad de tener un suelo viable y productivo se convierte en una responsabilidad. A corto plazo el agricultor y la distribución se preocupan de que el cultivo tenga el rendimiento que el mercado requiere y, sobre todo el agricultor se preocupa de tener una rentabilidad que le permita continuar su actividad y eso ya se merece una cierta consideración de sostenibilidad, pero la pregunta que nos debemos hacer es, si se podrá seguir haciendo la misma actividad agrícola en 10, 20 o 50 años. Si en un momento encontramos que el recurso se va acabar, que habrá que hacer tantas labores y tratamientos para corregir los problemas del cultivo que los costes de producción serán inasumibles, entonces es evidente que se tiene que revisar todo el planteamiento, que la sostenibilidad está comprometida y que el esquema productivo no garantiza el futuro.
La solución sostenible nunca va a llegar sola, tenemos siempre que preguntarnos si entendemos qué pasa en el cultivo, cómo interactúa con la naturaleza y si tenemos suficientes conocimientos para entender todos esos fenómenos y para hacernos siempre más preguntas, pero preguntas útiles que sirvan para diseñar nuevas soluciones, soluciones que ahorren costes, que tengan menor impacto ambiental, que sean seguras para consumidores y trabajadores y que garanticen el abastecimiento. La sostenibilidad no es un objetivo materializable, es como un camino que se construye a la par que se usa, si dejamos de construir el camino, ya no podremos ir a ningún sitio.

