De vez en cuando te encuentras con gratas sorpresas. En mi caso, se trata de breve articulo publicado por mi colega y amigo Juan Carlos Pérez Mesa, en una revista sin glamur académico, local pero gran interés como es “Almería en Verde”, editado por COEXPHAL y el título “¿Qué es lo te duele Almería[1]?
De verdad, este es un artículo de lectura más que recomendable para todas las personas que se interesan e intentan comprender el sector hortofrutícola español. Pone elemento en una de sus claves: «el perfil del trabajador agrario, base de nuestro principal motor económico. Según el INE, el 63% de los ocupados en agricultura solo tiene estudios básicos, frente al 27% del conjunto de la economía. Y si nos centramos en los trabajadores extranjeros, ese porcentaje asciende al 77%. Con esa base formativa, enfrentarse a la agricultura inteligente del futuro es un reto mayúsculo”.
Concluye en que “necesitamos que el tejido productivo suba de escalón. Eso significa más capital por trabajador, más valor añadido, más conocimiento, más tecnología, más servicios empresariales propios y una apuesta real por la innovación que evite la fuga de valor fuera de la provincia. Cuando las empresas evolucionan hacia modelos más avanzados, cambian los perfiles laborales que necesitan: aparecen incentivos para atraer y retener talento, mejorar la formación, profesionalizar tareas y elevar la productividad. Este proceso no es inmediato. Requiere inversión, tiempo y cambios estructurales. Pero si no lo afrontamos, seguiremos creciendo en tamaño sin crecer en calidad económica, generando riqueza sin que se traduzca en mejora real de nuestro nivel de vida relativo».
Dos estudios de Cajamar
En este fin del 2025, cuando Cajamar sigue festejando los 50 años de su primer proyecto de investigación e innovación en la finca de Las Palmerillas, nos regala dos estudios que abordan esta problemática desde dos ángulos distintos y complementarios.
En su publicación ‘Sector agroalimentario y trabajo: una relación en transformación[2]’, ofrece una visión plural sobre el empleo como preocupación principal del sector, la disponibilidad de mano de obra, las formas de trabajo y los cambios en las exigencias de cualificación, aportando datos, análisis y reflexiones que ayudan a entender qué está ocurriendo con el factor trabajo en la agricultura y la industria alimentaria. Asimismo, pone el acento en la transformación del sector y su manera de afrontar los retos estructurales y abordar las nuevas oportunidades.
En la segunda ‘Los sistemas de investigación e innovación agroalimentarias en el mundo[3]’ muestra la necesidad de seguir invirtiendo en conocimiento, innovación y tecnología para producir más y mejor.
Ambos estudios convergen en que el sector (podríamos decir el campo, e incluso la economía española), necesita no solo más mano de obra sino también mejor mano de obra si queremos seguir siendo una de las economías europeas que más crece.
Como resumió el presidente de Cajamar, Eduardo Baamonde, ello “supone una llamada a la acción ante un escenario laboral que no es coyuntural, sino estructural, y que exige respuestas sostenidas en el tiempo». Entre ellas ha señalado «revalorizar socialmente el trabajo agrario y agroindustrial como una actividad estratégica y de futuro, capaz de ofrecer trayectorias profesionales atractivas y estables; redoblar esfuerzos para atraer y retener talento, mejorando condiciones laborales o formación continua, e invertir en innovación, inteligencia artificial y robotización como claves para elevar la productividad y mejorar las condiciones de trabajo”.
Poco más se puede añadir.
[1] https://www.aenverde.es/que-es-lo-que-te-duele-almeria/
[2] https://www.plataformatierra.es/innovacion/sector-agroalimentario-y-trabajo
[3] https://www.plataformatierra.es/innovacion/sistemas-investigacion-innovacion-agroalimentaria-mundo


