Desde principios de aรฑo, las frutas y hortalizas de menos de 1,5 kilos no pueden venderse en envases de plรกstico en Francia. Que conste que me parece una excelente idea, que cuadra perfectamente con la necesaria disminuciรณn del uso de envases no reciclables y de plรกsticos. A ello se une la prohibiciรณn de las etiquetas adhesivas. Las รบltimas noticias que tengo son que se habrรญa consensuado una (corta) prรณrroga, un aplazamiento de algunas semanas al menos, pero no tengo confirmaciรณn.
Este paranoico estรก fuertemente comprometido con la sostenibilidad del sector, econรณmica, social y medioambiental. Pero tambiรฉn es un firme defensor del mercado รบnico europeo y de la libre circulaciรณn de mercancรญas.
Reglas como estas son รบtiles, incluso necesarias para responder a los retos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, pero aplicados en un solo Estado miembro representan no solo un nuevo obstรกculo y una medida protectora del mercado nacional francรฉs, sino tambiรฉn una medida con un limitado impacto medioambiental.
FRESHFEL y EUCOFEL tienen toda la razรณn del mundo cuando denuncian, apoyados, entre otros (hay que reconocerlo y esto les honra), por la Interprofesional Francesa de las Frutas y Hortalizas (Interfel) y por la Federaciรณn Francesa de Cooperativas Hortofrutรญcolas una distorsiรณn de competencia.
Una vez mรกs, el sector agrario, el mรกs integrado de todos los sectores econรณmicos europeos, es vรญctima de la falta de Europa, de la falta de valentรญa de nuestros polรญticos para construir juntos un futuro comรบn.
Y digo una vez mรกs porque esta batalla de fondo es tambiรฉn la batalla para que haya un control europeo a las importaciones de frutas y hortalizas de terceros paรญses, para que se impongan criterios de reciprocidad en los tratados comerciales, para que los protocolos de apertura de los mercados de terceros paรญses a nuestras exportaciones no los negocie cada Estado miembro por su cuenta, sino que sea โtodos para uno, uno para todosโ.
Es cierto que estos temas avanzan, pero a una velocidad que puede desesperar. Pero no nos equivoquemos de culpable: la culpa no es de que haya demasiada Europa, sino que no hay suficiente.

