Nos lo recuerda muy oportunamente nuestra vecina revista “Almería en Verde”, la adhesión de nuestro país a la hoy Unión Europea ha sido positiva para el sector hortofrutícola, que ha experimentado un continuo crecimiento de la exportación, pasando de 4,9 millones de toneladas a 13,5 millones.
El sector hortofrutícola ha sido, con el olivar, el sector más favorecido por nuestra integración en Europa, aunque para ello hubiera que superar las trabas que inicialmente nos pusieron los miembros iniciales del club, y tuviéramos que esperar al año 1993 con el mercado único europeo, para ser miembros con plenos derechos.
Recordarlo es importante en estos momentos tan convulsos, en los cuales la propia existencia de Europa como “Unión Europea” está amenazada.
Los enemigos están por supuesto fuera. No hace falta insistir en el desprecio que el Presidente Trump, y más explícitamente aún el Vicepresidente Vance, tienen a una Europa unida que fuera capaz de existir y de ser otro polo mundial de atracción. Tampoco hace falta insistir en el cariño que el Presidente Putín nos tiene.
Pero los enemigos, en forma de caballo de Troya, también están dentro. Por pasiva, cuando por ejemplo nuestros dirigentes se van al rancho irlandés de Trump para aceptar la imposición de aranceles. Por activa, cuando Estados miembros se niegan a darle a Europa los medios de su política y cuando no entienden que la seguridad ye autonomía estratégica europea también pasa por su autonomía alimentaria.
No nos engañemos, cuando unos hablan de la “Europa de las naciones” están hablando de una Europa menos fuerte, lo que concretamente para nosotros significa que nos van a parar los camiones en las carreteras francesas.
Por esto España (y Portugal), países alejados del centro de Europa, de nuestros principales mercados, no podemos tener otro empeño que contribuir a construir y no a destruir, a apoyar cuando sea necesario y criticar cuando es legítimo pero siempre con ánimo constructivo.
Es verdad que a veces nos lo ponen difícil, que nos dan ganas de mandarles todos a freír espárragos, ante tanta indecisión y tanto alejamiento de los principios fundadores tan bien recogidos en el Tratado europeo, empezando por su artículo 39 sobre la política agraria común, la agricultura y los agricultores. Nos puede incluso llegar a apetecer que se acabe la fiesta.
Nos lo ponen difícil, pero hay que mandar callar a las tripas y pensar con la cabeza, con la mirada larga.
Europa es nuestro mercado; europeos son nuestros principales compradores y consumidores y la única posibilidad que tenemos los europeos de pintar algo en este mundo en el que rige la ley del más fuerte, es estando juntos.


