Las borrascas encadenadas de los últimos meses han golpeado con dureza las explotaciones: lluvias persistentes, rachas de viento, parcelas anegadas y daños en infraestructuras, que condicionan toda la producción. Detrás de cada hectárea afectada hay inversiones y un esfuerzo constante por seguir adelante.
Las estimaciones hablan de una pérdida media cercana al 30% de la producción. Pero más allá del dato, lo que realmente está en juego es la rentabilidad de las explotaciones y la continuidad de muchas de ellas. Aun así, los productores siguen trabajando para garantizar el suministro, cuidando el producto y manteniendo los estándares de calidad que exige el mercado.
Y llegados a este punto, transmitimos el mensaje que la producción tiene para la distribución, una mirada más flexible y empática. Las reclamaciones y devolución por cuestiones visuales, en un año como este, supone agravar una situación ya de por sí muy delicada.
Hoy más que nunca necesitamos que la cadena de valor funcione como un engranaje fluido, no como compartimentos aislados. La sostenibilidad del sector de la hoja no depende solo del agricultor; depende también de la responsabilidad compartida con la distribución, que tiene la capacidad de acompañar al campo en momentos excepcionales.
El sector no solicita privilegios, pide colaboración.


