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La economía circular, presente en su proceso de innovación. SAN ISIDRO DE LOJA

Los proyectos que tiene en marcha la cooperativa San Isidro de Loja buscan optimizar su línea de envasado, así como la mejora de la calidad final de su producto para esta temporada.

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Pese a haber atravesado momentos de mucha tensión en la campaña pasada al coincidir el Estado de Alarma con el punto álgido de la producción de espárrago granadino, el balance de la temporada fue finalmente positivo a nivel general. El mayor reto para cooperativas como San Isidro de Loja fue la seguridad de sus empleados, “era nuestro principal temor”, comenta Jorge Rodríguez, su director comercial. Sin embargo, pudieron evitar los contagios y hoy por hoy continúan lidiando con la pandemia, ahora con incertidumbre aún a nivel comercial: “Confiamos en el alto consumo de los supermercados, aunque sin duda el canal Horeca continúa flaqueando”.

En este contexto, la cooperativa continúa suministrando a sus clientes producto con todas las garantías y la máxima calidad, y sigue invirtiendo en la mejora de sus productos y procesos. Prueba de ello es la apuesta por la mecanización de su almacén, en el que en la campaña pasada incorporaron dos nuevas líneas de procesado y clasificación automática y tienen prevista otra más para la próxima temporada. Además, para este ejercicio van a incorporar más personal por línea para mejorar el proceso de comprobación del producto final en una apuesta firme por ofrecer la máxima calidad del producto. Como novedad y tras este objetivo ya incorporaron la campaña pasada la certificación IFS Food, que se suma a sus sellos GlobalGap y GRASP.

“ La cooperativa está llevando a cabo un cambio de imagen corporativo con un diseño más actual e innovador”

De forma paralela, la cooperativa está llevando a cabo un cambio de imagen corporativo con un diseño más actual e innovador, tanto para sus marcas de espárrago, Loxa y Sierra de Loxa, como para su marca de aceite de oliva virgen extra, Loxa.

Asimismo, la firma continúa apostando por el desarrollo sostenible, esta vez con la obtención de un compost orgánico realizado a partir de lodos de aceite de oliva y de espárrago. “Creamos un modelo de economía circular cerrando todo el ciclo, no generando residuos y devolviendo a la tierra lo que obtenemos de ella”, explica el director comercial. Por esta innovación recibieron en 2018 el premio Agri For Valor.

Toda esta apuesta de valor viene una vez más a posicionar el producto español frente a otros orígenes que llegan a Europa con precios muy agresivos. “Sus condiciones laborales nada tienen que ver con el trabajador europeo, por lo que estamos en clara desventaja en ese sentido”, explica Rodríguez, quien se plantea si la sociedad debería quizás volver a apostar por los alimentos de temporada.

¿Por qué no ecológico?
El espárrago podría fácilmente convertirse en ecológico ya que prácticamente hoy por hoy su cultivo es residuo 0, porque el tiempo que transcurre desde la aplicación de un solo tratamiento del producto hasta la recolección es dilatado. Pero el diferencial de precio que se obtiene no es significativo y además el coste de mano de obra aumenta, “convirtiéndolo en un cultivo poco rentable”.

 

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