La Universidad Internacional de Valencia (VIU), integrada en Planeta Formación y Universidades, destaca el potencial de este modelo para construir ciudades más resilientes y reducir la dependencia de factores climáticos y logísticos.
La automatización permite controlar cada fase del cultivo
Según explica el Dr. Roger Clotet Martínez, director del Grado en Ingeniería Informática y docente del Máster Universitario en Big Data y Ciencia de Datos de VIU, las granjas verticales ofrecen un nivel de control muy superior al de la agricultura convencional.
La combinación de sensores agronómicos, automatización e inteligencia artificial permite ajustar de forma precisa las condiciones de cultivo para cada especie. Parámetros como la iluminación, la humedad, la temperatura o el aporte de nutrientes pueden modificarse en tiempo real para optimizar el crecimiento de las plantas.
Este control favorece una producción más estable y predecible durante todo el año.
Menor consumo de agua y mayor aprovechamiento del espacio
Uno de los principales argumentos a favor de la agricultura vertical es su elevada eficiencia en el uso de los recursos naturales. Diversos estudios científicos y organismos internacionales, como la FAO, señalan que estos sistemas pueden reducir el consumo de agua entre un 80% y un 95% respecto a la agricultura tradicional.
Como ejemplo, Roger Clotet destaca investigaciones sobre el cultivo hidropónico de lechuga, donde el consumo se sitúa en torno a 20 litros de agua por kilogramo producido, frente a los aproximadamente 250 litros necesarios en sistemas convencionales, lo que supone un ahorro superior al 90%.
Además del agua, también mejora significativamente el aprovechamiento del espacio. En cultivos como la lechuga, los rendimientos por metro cuadrado pueden multiplicarse entre diez y once veces gracias al cultivo en varios niveles, mientras que la eficiencia global en el uso conjunto de tierra y agua puede llegar a ser entre 38 y 60 veces superior.
La inteligencia artificial detecta el estrés de las plantas antes de que sea visible
La integración de inteligencia artificial, Internet de las Cosas (IoT) y análisis de datos constituye uno de los pilares tecnológicos de este modelo agrícola.
Los sistemas recopilan información de sensores que monitorizan variables como el pH, la conductividad eléctrica, la concentración de CO₂ o la humedad, permitiendo ajustar automáticamente las condiciones de cultivo.
Uno de los avances más destacados es la capacidad para detectar de forma temprana situaciones de estrés vegetal. Gracias a técnicas de espectroscopía y aprendizaje automático, diversos estudios han logrado identificar alteraciones fisiológicas entre uno y cinco días antes de que aparezcan síntomas visibles, alcanzando niveles de precisión cercanos al 94%.
Asimismo, las herramientas de visión artificial utilizadas mediante aplicaciones móviles ya consiguen diagnosticar enfermedades en campo con precisiones que oscilan entre el 92,8% y el 98%, ampliando la capacidad de observación de los agricultores.
El elevado consumo energético sigue siendo el principal reto
Pese a sus ventajas, la agricultura vertical también presenta importantes desafíos. El principal de ellos es su dependencia de la energía eléctrica para alimentar la iluminación artificial y los sistemas de climatización.
Esta circunstancia hace que la rentabilidad de las explotaciones esté estrechamente vinculada al coste de la electricidad y al contexto energético de cada país. Según un estudio citado por VIU sobre la producción de lechuga, los costes operativos varían notablemente según la ubicación geográfica, situándose en torno a 0,85 euros por kilogramo en Estocolmo, 1,35 euros en Nápoles y 1,75 euros en Riad.
A ello se suma la vulnerabilidad de las cadenas internacionales de suministro ante conflictos geopolíticos, que pueden afectar tanto al precio de la energía como a la disponibilidad de fertilizantes.
La agricultura digital redefine el perfil de los profesionales del sector
La expansión de la agricultura vertical y de la denominada e-Agriculture está transformando también las competencias que demanda el sector agroalimentario.
La informática, la ciencia de datos, la inteligencia artificial y la ciberseguridad adquieren un papel protagonista en el diseño de sistemas capaces de optimizar el uso del agua, los fertilizantes y otros recursos. Según Roger Clotet, el ingeniero informático ya no desarrolla únicamente software, sino que participa en la creación de soluciones tecnológicas para resolver algunos de los grandes desafíos de la agricultura moderna.
Desde VIU consideran que la agricultura vertical no sustituirá a la producción tradicional, sino que actuará como un complemento estratégico para el cultivo de productos frescos de ciclo corto y alto valor añadido, contribuyendo a construir sistemas alimentarios más eficientes, resilientes y sostenibles.


