Además del estrés provocado por el calor, el descenso de la humedad ambiental también dificulta la acción de la fauna auxiliar, lo que incrementa el riesgo de problemas fitosanitarios durante los meses más cálidos.
El calor favorece la aparición de plagas en tomate y otros cultivos
Desde comienzos de junio, las temperaturas elevadas aceleran el desarrollo de ácaros como la araña roja (Tetranychus urticae) y el vasates (Aculops lycopersici), especialmente en el cultivo del tomate.
La alimentación de estos parásitos provoca inicialmente una coloración verde aceitosa en hojas y frutos, que evoluciona hacia tonos plateados y, posteriormente, a un bronceado seco. Cuando la infestación es intensa, los frutos frenan su crecimiento, presentan grietas en la epidermis o adquieren una textura plateada que reduce considerablemente su valor comercial.
Al mismo tiempo, el ambiente extremadamente seco disminuye la presencia de enemigos naturales de estas plagas. Especies beneficiosas para el control biológico, como Amblyseius swirskii, sufren una elevada mortalidad durante las horas centrales del día, reduciendo su eficacia para mantener las poblaciones de ácaros bajo control.
El estrés térmico provoca importantes fisiopatías en los frutos
Las elevadas temperaturas también generan numerosos problemas fisiológicos que afectan directamente a la calidad de la producción.
Entre las alteraciones más frecuentes destacan las descoloraciones causadas por el exceso de radiación solar, las anomalías en la maduración de frutos, especialmente en tomate cherry, y el decaimiento de los brotes superiores de la planta.
La exposición directa al sol puede provocar quemaduras o asolanados en los frutos que quedan desprotegidos por la masa foliar. Además, cuando las temperaturas superan los 35 °C durante el día y los 25 °C por la noche, el polen pierde viabilidad y se produce un elevado porcentaje de aborto floral en cultivos como el tomate y el pimiento.
Otra de las fisiopatías más habituales es la necrosis apical o «blossom-end rot», conocida popularmente como «la peseta». Este problema aparece cuando la planta no puede asimilar correctamente el calcio debido al estrés hídrico o a un crecimiento muy rápido del fruto, originando una mancha oscura y hundida en la base que inutiliza comercialmente la pieza.
El verano crea las condiciones ideales para el desarrollo del oídio
Las temperaturas comprendidas entre 23 y 26 °C, junto con humedades relativas inferiores al 70% y la presencia de viento seco, favorecen el desarrollo de enfermedades fúngicas como la ceniza u oídio de las cucurbitáceas (Sphaerotheca fuliginea) y la oidiopsis (Leveillula taurica).
Estas enfermedades afectan principalmente a pepino, calabacín, melón, tomate y pimiento, manifestándose mediante manchas pulverulentas blancas sobre las hojas que se extienden progresivamente a tallos y pecíolos.
Aunque el hongo rara vez daña directamente los frutos, la pérdida prematura de hojas acelera la maduración y reduce de forma significativa la calidad, el calibre y las propiedades organolépticas de la cosecha.
Protección frente al calor y manejo del riego para reducir el estrés
Una de las principales medidas preventivas consiste en disminuir la temperatura que soporta el cultivo mediante la instalación de mallas de sombreo, capaces de reducir la radiación directa sobre las plantas y proteger los frutos frente a las quemaduras solares.
En cultivos protegidos también resulta recomendable utilizar protectores solares agrícolas, como el caolín, que reflejan parte de la radiación y ayudan a mantener una temperatura más baja en la superficie vegetal.
La gestión del riego adquiere igualmente un papel fundamental durante el verano. Mantener una humedad constante en el suelo mediante riegos más frecuentes o adaptados a los momentos de mayor insolación reduce el estrés hídrico y favorece un desarrollo más equilibrado del cultivo.
En determinadas situaciones, realizar riegos en las calles de la explotación también contribuye a aumentar la humedad ambiental, disminuir la temperatura del microclima y favorecer la actividad de la fauna auxiliar.
Higiene de la parcela y prevención para limitar plagas y enfermedades
El manejo preventivo sigue siendo una de las herramientas más eficaces para reducir la incidencia de plagas y enfermedades durante el verano.
Para ello es fundamental eliminar malas hierbas, restos de cultivos anteriores, plantas colapsadas y brotes vegetativos innecesarios, ya que actúan como refugio de plagas y dificultan la correcta ventilación del cultivo.
También se recomienda evitar abandonar las plantaciones una vez finalizado el ciclo productivo, limpiar herramientas y maquinaria para impedir la dispersión de organismos nocivos y mantener marcos de plantación que favorezcan la aireación sin comprometer la rentabilidad.
Asimismo, conviene utilizar exclusivamente plantas procedentes de semilleros autorizados, conservar el Pasaporte Fitosanitario, realizar rotaciones de cultivos y evitar la asociación de distintas especies hortícolas en una misma parcela.
En el caso de plagas como la araña roja o el vasates, los tratamientos deben centrarse inicialmente en los focos detectados y solo generalizarse cuando la infestación supere el umbral establecido. En explotaciones con antecedentes de oídio u oidiopsis, resulta recomendable combinar tratamientos preventivos con una adecuada gestión de la vegetación para limitar el desarrollo de estas enfermedades.
Por último, cualquier intervención fitosanitaria debe realizarse utilizando exclusivamente productos autorizados para cada cultivo y siguiendo criterios de uso racional, con el objetivo de preservar la fauna auxiliar y favorecer un manejo sostenible de las explotaciones hortícolas.


