El sector del Plátano de Canarias afronta una etapa de transformación marcada por el aumento de los costes de producción, la pérdida de herramientas fitosanitarias y una competencia exterior cada vez más agresiva. En este contexto, Ricardo Torres, gerente de La Fast, considera que la estrategia del sector no debe centrarse en crecer en volumen, sino en consolidar un modelo basado en la diferenciación, la calidad y la estabilidad comercial.
La actual campaña comenzó con precios discretos para el agricultor, aunque en las últimas semanas (a fecha de mediados de mayo), se ha registrado cierta recuperación. Aun así, Torres advierte de que la situación sigue siendo compleja debido al incremento de costes y a la presión de la banana importada. “La falta de alternativas fitosanitarias está reduciendo la productividad y obligando a aumentar el gasto en personal en finca para controlar las plagas”, explica.
El valor como eje estratégico
Pese a ello, el responsable de La Fast insiste en que el Plátano de Canarias mantiene una posición sólida gracias a sus atributos diferenciales. “El consumidor ya no compra solo fruta. Busca origen, sabor, sostenibilidad, seguridad alimentaria y confianza”, señala. En su opinión, competir exclusivamente en precio frente a bananas procedentes de terceros países “es inviable”, por lo que el futuro pasa por reforzar el valor añadido y la percepción de calidad del producto.
Torres recuerda además el peso económico y social que tiene este cultivo en las islas. El Plátano de Canarias genera más de 12.500 empleos —9.000 directos y 3.500 indirectos— y una masa salarial bruta de 186 millones de euros. A ello se suma su impacto sobre la economía canaria, contribuyendo a reducir el precio de los alimentos frescos y moderando el IPC regional.
Adaptación climática y sostenibilidad
Otro de los grandes desafíos para el sector es la inestabilidad meteorológica, que está obligando a modificar la planificación agronómica y acelerar la innovación tecnológica en las explotaciones. Sin embargo, Torres considera que esta situación también refuerza el compromiso ambiental del sector.
Según destaca, la actividad presenta un impacto positivo de -18 gramos de CO₂ por kilo de plátano y una huella total de +120,71 gramos desde la producción hasta el consumo, cifras certificadas por AENOR. “La adaptación agronómica y la monitorización tecnológica ya no son opcionales”, afirma.
En este sentido, defiende que la sostenibilidad y el valor paisajístico del cultivo deben formar parte de la estrategia de diferenciación del producto canario.
Logística y unidad sectorial
La logística y el transporte también juegan un papel clave. El sector destina alrededor de 49 millones de euros anuales a este área para garantizar el suministro al mercado peninsular. Torres subraya que la red de centros de maduración registrados bajo la IGP permite asegurar regularidad, frescura y trazabilidad, factores cada vez más demandados por la distribución.
De cara al medio plazo, el gerente de La Fast considera prioritario garantizar la rentabilidad del productor y reclama mayor apoyo institucional. Entre las medidas necesarias, cita una mejor dotación de las ayudas al transporte y el refuerzo financiero del POSEI.
Asimismo, defiende que el esfuerzo colectivo debe apoyarse en cuatro pilares fundamentales: innovación, gestión eficiente del agua, promoción y unidad sectorial. “Nuestro futuro depende de seguir siendo relevantes y distintos”, concluye.


