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Las crisis del campo: ideas falsas, ilusiones y realidades

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¿La culpa es del salario mínimo, de los emigrantes, de los distribuidores, de las importaciones?

Las manifestaciones de estos últimos días son una impresionante muestra del malestar que sienten muchos agricultores. Es un grito que nuestros responsables políticos deben, han anunciado que van a, oír sin duda y sin dilaciones.

Acertar en el diagnóstico es paso previo para acertar en las soluciones. En una entradilla anterior, ya hable de “seis desafíos nuevos que no son tan nuevos”, a partir de ahora voy a abordar algunas a mi juicio ideas falsas que se están difundiendo antes de proponer en las entradillas siguientes unas líneas de actuación primero a las Administraciones y luego a los agricultores.

El salario mínimo

Fuente: https://www.20minutos.es/noticia/4131913/0/union-de-uniones-dice-que-las-rentas-de-muchos-agricultores-se-encuentran-todavia-un-11-por-debajo-del-smi/

La definición precisa de renta agraria es complicada, mi amigo Ignacio López me lo ha recordado “sin ánimo de polemica” pero todos podemos coincidir en que existe una franja importante de agricultores cuyas rentas, al menos ciertos años, no se pueden calificar ni de dignas ni de satisfactorias.

Ahora bien, la solución a los problemas de un colectivo no puede venir de oprimir aún más a un colectivo con aún menos capacidad negociadora. Es verdad que el salario mínimo ha subido, en porcentaje, significativamente estos últimos años, pero también lo es que, con la última crisis económica, ha cobrado fuerza en España el fenómeno de los “trabajadores pobres”, que trabajan, cierto, pero no consiguen una renta digna para poder vivir decentemente.

Fuente: https://www.libremercado.com/2020-01-16/salario-minimo-campo-despidos-mecanizacion-smi-pablo-iglesias-pedro-sanchez-agricultores-1276650839/

Si la supervivencia de un agricultor pende del hilo de no pagar salarios dignos, mal andamos. Entre otras cosas, y ya se observa el fenómeno en ciertas zonas, faltará mano de obra (incluso emigrantes) para hacer algunas tareas.

Felizmente, no son pocas las voces del sector que han afirmado que el problema no es el salario mínimo sino los precios percibidos por los agricultores, que no están a la altura de lo que debería.

Las comparaciones simples, o simplistas

Fuente: https://www.lainformacion.com/espana/historia-brocoli-precio-euros-origen-supermercado-protestas-sector-agrario/6539964/

Un brócoli no es un brócoli, o más bien un brócoli en campo no es un brócoli en el supermercado.

En algunos casos (en cítricos por ejemplo), el precio es en árbol, todas las categorías confundidas. A esto hay que sumarle entonces los costes de recogida, selección y destrío.

En todos los casos, tenemos los costes de transporte, logística, puesta en tienda… Todos estos costes son fijos, independientemente de que la materia prima valga 10 céntimos o 1 €. Por esto, si estamos en crisis por exceso de oferta, la diferencia entre precio en tienda y precio en campo expresada en porcentaje, se multiplica.

Fuente: https://www.publico.es/economia/consumo-precio-fruta-hunde-campo-dispara-supermercado.html

Bueno, ya hemos encontrado el culpable. No es el emigrante ni el salario mínimo sino el supermercado. Esto supondría que estamos en una situación de monopolio u oligopolio que permite a los supermercados imponer precios excesivos a los consumidores. Sería “únicamente la cadena de distribución la que infla su precio para obtener un mayor beneficio«.

Curiosamente, cabe preguntarse por qué las autoridades de la competencia nunca han intervenido. ¿Están ciegas o vendidas al enemigo?

La realidad es que el sector del supermercado en nuestro país es muy competitivo, con muchas empresas compitiendo, algunas nacionales (y multinacionales) y otras regionales y que no es fácil imponer precios abusivos.

Antes al contrario, es tradicional en el sector las denuncias que algunas empresas usan los productos agrarios como productos reclamo y venden a pérdida.

Uno de los últimos casos que conozco está referido a la leche y lo denunció un sindicato agrario.

¿En qué quedamos entonces, hay precios abusivos o venta a pérdidas? Las dos cosas no se pueden dar al mismo tiempo porque un mercado, o es competitivo o es oligopolistico, pero las dos cosas a la vez no pueden ser.

Las importaciones

Fuente: https://www.efeagro.com/noticia/por-que-protesta-campo-espanol/

¿Si no son los distribuidores, quien es el culpable? ¡Pues claro, las importaciones!

Este argumento como tal es contradictorio con el anterior, los precios elevados impuestos al consumidor. Si aumenta la oferta con importaciones, si los competidores pueden acceder a productos importados a buen precio, los precios de venta tienen que bajar y no subir.

El argumento de las importaciones es curioso, siendo España uno de los Estados miembros de la Unión Europea con el mayor excedente en la balanza comercial agraria y que mejor ha sabido sacar provecho de la apertura de los mercados. España en el año 2018 tuvo un déficit de su balanza comercial total de 37.177 millones de Euros, a pesar de un excedente de la balanza agraria y agroalimentaria de 11.042 millones.

Sin las exportaciones, el mercado de nuestro porcino y sus productos elaborados, nuestros vinos, nuestros aceites y nuestras frutas  y hortalizas, se hundirían irreversiblemente. Incluso estamos desarrollando las exportaciones de nuevos productos como el queso, lo que viene a aliviar la situación siempre difícil de los productores de leche.

¿Y cuál es nuestro mejor argumento comercial? La alta calidad y la gran seguridad que dan los alimentos europeos y españoles sometidos a los controles más rigurosos del mundo. Estos son, a la vez un coste cierto pero también una oportunidad de diferenciación en los mercados.

Una crisis multifactorial

Tiene razón Pedro Barato cuando afirma que “no se puede hablar de un solo problema. Se trata de muchos factores, unos derivados de las políticas de la UE y otros con origen nacional”. Además, la situación es distinta de unos productos a otros.

Por esto la iniciativa del Ministerio de la creación de una mesa de diálogo agrario con los sindicatos agrarios es un paso necesario para construir una visión conjunta y compartida del diagnóstico, paso  previo al acuerdo sobre las medidas a tomar.

Las prisas son, en este caso, buenas consejeras y es de celebrar que la primera reunión sea el lunes 3 de febrero. En cambio, me sorprende que el diálogo no se integre en un enfoque de cadena alimentaria. A  mi juicio, el diagnóstico y las soluciones se deben construir contando con todos los agentes de la cadena, la industria alimentaria y la distribución también.

Pero sobre esto, sobre algunas ideas para iniciativas de los poderes públicos el Paranoico tendrá ocasión de desarrollarlas en próximas entradillas.

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