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La solidaridad europea tiene que ser mucho más que buenas palabras

Europa tiene hoy un programa único de promoción del consumo de frutas, hortalizas y productos lácteos en las escuelas, en el marco de una estrategia más amplia de educación escolar a la salud y unas de las prioridades hoy es el apoyo a los refugiados ucranianos.

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En el caso de las frutas y hortalizas, es un programa mucho más reciente que incorpora desde sus inicios una fuerte componente de educación a la buena alimentación, y para el cual la realización de actividades complementarias al consumo es obligatoria. En cuanto a los productos lácteos, es el heredero de los antiguos programas de fomento del consumo interno de la remota época en los que había excedentes, las desgraciadas montañas de leche en polvo y de mantequilla.

Durante el curso escolar pasado 2020-2021, alrededor de 15 millones de niños se beneficiaron de esta iniciativa. El presupuesto europeo total dedicado a ello asciende a 220,8 millones de euros por año escolar, de los cuales hasta 130,6 millones de euros están focalizados a las frutas y verduras y hasta otros 90,1 millones de euros a la leche y los productos lácteos.

Este presupuesto se desglosa en asignaciones nacionales fijadas por la Comisión en función de las solicitudes de los Estados miembros. Pero, con buen criterio, cuando por cualquier razón un Estado miembro ve, al llegar el verano, que no está siendo capaz de movilizar su reserva presupuestaria inicial, el dinero que podría sobrar se vuelve disponible para los socios comunitarios que podrían hacer buen uso de ello.

Así se ha venido haciendo hasta ahora pero este año se ha incorporado una importante novedad que conviene subrayar y publicitar. El 2 de junio, la Comisión publicó un reglamento que modifica las reglas de redistribución interna de la ayuda europea para atender a los niños ucranianos desplazados matriculados en escuelas de la UE.

El nuevo reglamento invita a los Estados miembros a revisar sus solicitudes para el próximo año escolar, que va del 1 de agosto de 2022 al 31 de julio de 2023, a la luz de la situación sin precedentes que estamos viviendo.

La solidaridad europea tiene que ser mucho más que buenas palabras, e incluso mucho más que armas. En este caso, se trata de aliviar la carga de quienes están en primera línea de acción para atender a los niños ucranianos desplazados.

Los Estados miembros presentan antes del 15 de junio el importe adicional solicitado o, en su caso, su estimación del presupuesto que se debería quedar sin utilizar. A continuación, la Comisión decide antes del 15 de julio de 2022 sobre las nuevas asignaciones para el próximo año escolar a la luz de las notificaciones recibidas, redirigiendo las cantidades no utilizadas a los países que acogen al mayor número de niños ucranianos.

Ya sé que lo que más vende y genera más  tráfico en las redes sociales son las malas noticias e, incluso, los insultos y la falta de respeto. Pero hoy, como uno de los padres del programa europeo escolar para las frutas y hortalizas, siento orgullo por mi anterior Institución, orgullo por ser además de español, europeo.

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