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“Usar mucho la tecnología no te transforma digitalmente, como comer fruta cada día no te hace agricultor”

Hablamos sobre transformación digital con Pablo Foncillas, licenciado en Derecho y MBA del IESE Business School, además de doctor por la Universidad de Navarra. Actualmente, es profesor de escuela de negocios.

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Tras casi tres años de investigación y más de 30.000 entrevistas a diferentes perfiles, en compañías que suman más de 6.000 millones de euros, para un estudio encargado por la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (AECOC), Pablo Foncillas constató que la transformación digital se puede abordar desde un punto de vista más interesante: la percepción de los profesionales. Hoy día, se mide por el grado de avance de la tecnología, pero, sin embargo, “lo relevante es cómo la entendemos los trabajadores y nos comportamos ante estos cambios”.

Podríamos caer en la provocación inicial de Pablo Foncillas de asumir que la transformación digital es mentira, incitando a la reflexión sobre un tema transversal que afecta a todas las empresas. “Yo creo que ni es transformación ni es digital, sino que se debería hablar de madurez profesional”, explica y nos sitúa en un escenario donde contraponer ambos conceptos. Para explicarlo, dibuja un gráfico (tiempo y evolución) con tres curvas, donde, por un lado, se representa la tecnología, que cambia muy rápidamente; por otro, las empresas, que se adaptan de manera más lenta; y, por último, los profesionales. El foco debe estar en entender las distancias que hay entre esas tres curvas y no en la que separa la evolución tecnológica y la de los profesionales. “Entre estas dos últimas no hay competencia, la tecnología siempre va a ir más rápido”, afirma.
La clave se encuentra, según Foncillas, en la madurez profesional: “Si una persona no termina nunca de madurar, no aceptará que la tecnología no va a parar de cambiar y que somos nosotros los que debemos adaptarnos”. Se trata de entender que debemos madurar constantemente como profesionales y no solo centrarnos en los sistemas, olvidándonos de las personas.

«La mayoría de empresas necesita evolucionar, no disrumpir»

Otro aspecto destacable de este estudio es la visión de las empresas, relacionada directamente con los profesionales. Y es que las compañías, en muchas ocasiones, realizan grandes cambios e inversiones para evolucionar y mejorar; sin embargo, en la mayoría de ellas, esa visión no tiene en cuenta a los trabajadores y, al final, terminan dándose cuenta de que los sistemas que pretenden implantar no encajan con los procesos que se llevan a cabo. “Ha llegado el día en el que tenemos que darle una vuelta a la visión de las empresas para que sean lo suficientemente claras y movilizadoras para todas las personas de la organización”, explica Foncillas, quien añade que estas deben “definir sus objetivos en base a la madurez de sus trabajadores y aplicar la tecnología necesaria”. Por desgracia, en muchas ocasiones, la transformación digital se inicia al revés. Y es que tener una visión clara y movilizadora parece sencillo, pero llevarlo a la práctica no lo es tanto.

Proceso de cambio
La alta dirección debe, además de tener una visión clara y movilizadora, explicar por qué y para quién está cambiando. A estas dos preguntas, una hacia dentro y otra hacia fuera, deben las empresas dar una respuesta clara y entendible para todos los trabajadores. “No es fácil, pero cuando el mercado cambia, su propuesta debe cambiar también y explicar a los profesionales por qué ese cambio es bueno para su trabajo”, añade Foncillas.
No todos somos iguales ante la percepción de la transformación digital, hay empleados que están muy avanzados, medios e iniciados, y la empresa irá a la velocidad del grupo más lento, puesto que hay una responsabilidad por parte de la alta dirección de prepararles, ayudarles y contribuir a su evolución profesional.

«El entorno online estará cada vez más presente»

Hacer negocios de otra forma
La transformación digital que se está llevando a cabo deber ser complementaria a la realidad diaria de una empresa. Todo parte de una idea de negocio que disrumpe el mercado y la transformación digital, como explica Foncillas, consiste en llevar a cabo esas ideas “de manera distinta gracias a lo digital”. No se trata de que gracias a la tecnología se vaya a conseguir disrumpir el mercado, sino que primero está la idea de negocio y luego viene la tecnología para llevarla a cabo.

Las empresas deben abandonar la creencia de que falta muchísima tecnología. Lo primero que deben tener son ideas de negocio que supongan una propuesta relevante para el mercado y, con la tecnología disponible, ver en qué medida pueden construir su posición en ese mercado.

Pedimos a Pablo Foncillas sus recomendaciones para el sector hortofrutícola, pero “no existe una receta para aplicar a uno u otro sector, todo pasa por la fe no religiosa”. Las empresas y la alta dirección deben creer que hay un camino, tener la capacidad de persuasión para movilizar a la gente y, a la vez, dedicarle tiempo, tener curiosidad y explorar caminos inexplorados, ser capaz de alguna manera de entender qué tecnologías hay disponibles para su industria; si no, no van a tener una visión de ese campo.

Es consciente de que es más complicado de lo que parece, porque hablar de cambio y avanzar suele provocar equivocaciones y errores, algo que es bueno y forma parte de la evolución. “Hay que estar preparado para el resultado más habitual de la innovación, que es el fracaso”, una lección que, según Foncillas, nos hará entender que no vamos a acertar a la primera, sino que este es un camino con errores, pero sobre el que no debemos perder la visión.

Concluye evaluando el estado de la transformación digital en las empresas españolas que, en general, es bastante básica. “Muchas de ellas creen que se han transformado digitalmente porque tienen un ecommerce o utilizan mucho una tecnología” y hace una analogía entre el sector hortofrutícola y la transformación digital: “Utilizar mucho la tecnología no te transforma digitalmente, de la misma manera que comer fruta cada día no te hace agricultor”. Pensar que utilizar mucho la tecnología o vender mucho a través de internet nos transforma digitalmente es un error; transformarse digitalmente significa hacer negocios de una manera distinta gracias al digital.

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