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Patata Amandine ya no es un proyecto en España, es una realidad

La revista Mercados tuvo la oportunidad, a finales de mayo, de conocer de cerca más detalles de la rápida evolución de la patata Amandine en el mercado ibérico y ver en campo el inicio de la cosecha.

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Para entender el proyecto de patata Amandine en España y Portugal, hay que conocer su recorrido en Francia. Para ello, Jean Michel Beranger y Alfonso Sáenz de Cámara, director general y presidente de la Asociación Princesa Amandine Ibérica, invitaron a la presentación a Francisco Moya, director general de Negonor (operador francés de Princesa Amandine). “En Francia estamos muy sorprendidos con la evolución de Amandine en la Península Ibérica, en tres años ha conseguido un crecimiento y una penetración que tardó mucho más en Francia”, explica Moya. Sí es cierto que en España ya se tiene la experiencia y el conocimiento del caso francés, y la implicación de las empresas productoras y la reactividad para que el proyecto se consolidase llenan de optimismo a los responsables de Amandine respecto al futuro.

Para entender este crecimiento, la Asociación se crea en 2020 y en tres años ha pasado de 40 a 120 hectáreas, triplicando su superficie en unos años de mucha incertidumbre. En cuanto a producción, han pasado de contar con 1.500 toneladas a las 5.000 con las que prevén cerrar 2022. Y aquí se encuentra otro de los hitos que fortalece el proyecto en España: durante el mes de junio esperan abastecer a sus socios franceses, que no tienen producción en estas fechas. “Este flujo bidireccional supone un refuerzo al proyecto, puesto que nuestros socios franceses confían en el trabajo que hacemos aquí para ampliar la oferta en Francia”, comenta Beranger.

En estos momentos, el club ibérico -porque, como ellos confirman, Amandine es un club de patata- lo componen cuatro empresas: Udapa, Ibérica de Patatas y El Zamorano en España, y Campotec en Portugal. Como informa Sáenz de Cámara, “queremos que el crecimiento sea controlado, tenemos peticiones para entrar, pero no queremos morir de éxito”. Cifran desde la Asociación que el objetivo productivo es alcanzar las 20.000 Tn en España y 60.000 en Francia.

Pero aún queda mucho trabajo por delante, Amandine en Francia lleva casi 15 años y en la Península apenas tres, aunque los objetivos son claros, “queremos ser y somos ya la única marca que ofrece la misma variedad todo el año”, expone Moya, quien conoce el potencial del mercado español y la estabilidad que ofrece el francés. La patata de pequeño calibre, donde se encuentra Amandine, representa en Francia un 35% del mercado, una de cada tres patatas que se consumen tienen el mismo calibre, por lo que es un producto con una alta demanda. Por contra, en España aún no se alcanzan esos niveles y se prioriza un mayor calibre.

Las cualidades que han llevado a Amandine a este crecimiento en un mercado tan competitivo son su aspecto, un calibre más pequeño y forma alargada; un sabor cremoso, que recuerda a la mantequilla; y una piel fina muy diferente al tipo de patata que podemos encontrar hasta ahora en el mercado. “Es una patata para todos los días, a través de sus diferentes formatos, puede cocinarse de múltiples formas y adaptarse a todas las comidas”, desarrolla Beranger.

Es una patata para todos los días, puede cocinarse de múltiples formas y adaptarse a todas las comidas

La Marca
Parte imprescindible de este éxito se debe a la marca, una imagen que ayuda a diferenciar Princesa Amandine del resto de patatas. Aprovecha una personalidad visual que destaca y genera confianza en los consumidores para su fidelización a largo plazo. Además, incrementa el valor de la empresa, puesto que detrás hay un producto de calidad reconocido y alineado con los valores que demanda la sociedad en estos momentos, como pueden ser la eficiencia y la sostenibilidad, ya que se trata de un cultivo con bajo impacto ambiental gracias a sus reducidas necesidades hídricas. “Tenemos que trabajar con unos valores acordes al mundo en el que vivimos, donde la sostenibilidad sea una prioridad. Como ejemplo de ello, la FAO predice que en los próximos 50 años tendremos que producir la misma comida que en los pasados 500”, concluye Sáenz de Cámara.

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