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Una tarea de todos: abrir ventanas para la exportación

David Baños, periodista. davidbfdez@yahoo.es

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Dice el sabio refranero español que “cuando se cierra una puerta se abre una ventana” y tiene, como casi siempre, toda la razón. Si nos levantamos cada día con espíritu positivo y ganas de afrontar los retos con todas nuestras fuerzas, nos será más fácil superar las dificultades. Aunque, cuando hablamos de comercio internacional la cosa no es tan sencilla como echar un huevo a freír. Más aún si trabajamos con productos perecederos, que van depreciándose a medida que pierden frescura. En el sector de las frutas y hortalizas hay que actuar con mucha agilidad: hoy recolecto mis productos y mañana están en los lineales de los supermercados a disposición de los consumidores. Ésa es la clave del éxito en este negocio.

El año 2014 que se marchó hace unas semanas no ha sido ni mucho menos el mejor para la agricultura española y las empresas agroalimentarias. La práctica totalidad de nuestra producción se comercializa en el viejo continente. Una economía en permanente recesión como la europea no ofrece muchas facilidades para que mejoren las cifras como por arte de magia. A todos estos males hay que sumar, desde el pasado agosto, el cierre de las fronteras rusas y sus consecuencias. ¿Qué hacer ante este panorama? La respuesta es bien sencilla y a menudo recurren a ella nuestros dirigentes políticos: “abrir nuevos mercados”. ¿Dicho y hecho? Ni mucho menos. ¿Se han parado a pensar lo que cuesta abrir una de estas ventanas por primera vez?

No es una tarea menor cambiar el chip de una campaña para otra. Aquella especie de ‘Tierra Prometida’ en la que están esperando nuestros productos con los brazos abiertos y los bolsillos llenos, no existe. Si algo sabe hacer este sector es exportar. Lo corroboran unos resultados en continuo crecimiento durante los últimos tiempos. Sin embargo, a menudo las empresas se tropiezan con complicados trámites burocráticos y otras dificultades, cuando tratan de explorar nuevos territorios como destino final de sus productos. Curiosamente, a la inversa, Europa ha venido ofreciendo múltiples facilidades a la importación desde países no miembros de la UE. Este sector no se caracteriza por ser especialmente reivindicativo, ni por necesitar de tutores que saquen adelante sus proyectos, pero como también señala la sabiduría popular “a nadie le amarga un dulce”.

Estaría muy bien que, aprovechando el comienzo de 2015, la manida frase comodín del “hay que abrir nuevos mercados”, viniera acompañada de políticas europeas y estatales que faciliten la expansión de unas empresas que están demostrando su profesionalidad y capacidad para satisfacer a consumidores de todo el planeta, actuando a la vez como sostén económico y social, también en los tiempos más difíciles. Contamos con agricultores responsables que saben hacer bien su trabajo, empresas modernas y preparadas, una amplísima gama de productos con la máxima calidad y seguridad… Lo tenemos todo para que el campo y la exportación sigan siendo en el futuro una gran potencia que ayude a España a conseguir todos sus objetivos.

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