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Transparencia, promoción y nuevos mercados, claves para el sector citrícola

España es el sexto productor mundial y el primero en exportación de naranjas, mandarinas y limones. Su producción se centra en la zona del Levante español, principalmente en la Comunidad Valenciana (49,7%), Andalucía (33,7%) y Murcia (13,2%), que concentran más del 95% de la producción española.

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Rocío Lleó, Analista de Riesgos de Solunion España

En los últimos años, el sector ha evolucionado, pero también lo ha hecho el contexto, que plantea importantes desafíos: el incremento de la entrada de fruta extranjera, cada vez menos pequeñas empresas y cooperativas en favor de las grandes corporaciones citrícolas, la reducción de los márgenes o la apertura de nuevas vías de exportación son algunos de los retos a los que esta industria debe hacer frente.

Según el MAPA, la producción media de las cinco últimas campañas ha sido de 6,7 millones de toneladas, y la campaña más reciente (2020/2021) ha estado por encima de esta media, hasta alcanzar los 7 millones de toneladas. Sin embargo, en esta misma campaña, hemos asistido a una caída de la facturación, con un decrecimiento de un 1,2% debido a la disminución del precio medio de venta. Esta caída también viene influenciada por el fuerte aumento de las ventas del año 2019/20, cuando el consumo de cítricos se disparó por la asunción de hábitos más saludables por parte de la población al inicio de la pandemia. El volumen exportado en 2020/21, sin embargo, se incrementó un 1,2%.

La composición del sector viene experimentando una importante transformación en los últimos años, con un claro avance hacia la concentración y un aumento de la participación de fondos de inversión. Se están creando grandes corporaciones citrícolas capaces de aprovechar economías de escala, que ayudan al sector nacional a competir en precio.  Adicionalmente, crece el interés por integrarse verticalmente vía compra de fincas productoras, con el doble objetivo de incrementar los márgenes en el medio plazo y controlar la calidad desde el origen.

En este sentido, las cooperativas no pasan por su mejor momento, puesto que muchas fincas de agricultores están pasando en los últimos años a manos de grandes grupos citrícolas. El contexto actual les exigirá centrar sus esfuerzos en encontrar alianzas que garanticen la continuidad del negocio y les permitan competir en un sector donde los márgenes, de por sí bajos, están aún más penalizados por los incrementos de precios en el transporte, fertilizantes y otras materias primas. Además, las exigencias en el campo, cada vez mayores, hacen difícil rentabilizar las producciones pequeñas y los canales de comercialización se van estrechando a medida que el pequeño negocio sigue decreciendo.

Respecto a la entrada de fruta extranjera, es necesario incrementar el nivel de exigencia en cuanto a la calidad del producto importado, así como intensificar los controles para detectar aquellos que no cumplen los estándares mínimos de calidad. De hecho, desde el pasado mes de noviembre, está aumentando el número controles en el sector hortofrutícola sobre las importaciones procedentes de mercados como, por ejemplo, Turquía y Egipto.

Otra propuesta interesante sería establecer cupos a la importación cuando el sector se encuentre en plena campaña citrícola local, para evitar competir con productos cuyo precio es muy inferior al de los cítricos españoles. Adicionalmente, sería muy beneficioso promocionar el cítrico español, tanto en la UE como en el resto de los países, destacando la calidad del producto local frente a los procedentes de otros mercados como Egipto, Sudáfrica, Marruecos o Portugal, donde los niveles de exigencia son menores.

Actualmente, la Unión Europea abarca más del 85% de las exportaciones españolas de cítricos, con Alemania, Francia y Reino Unido como principales destinos. Los nuevos retos del sector requieren potenciar otros mercados de exportación más lejanos, como Sudamérica, Estados Unidos, China, Corea, Canadá o Japón. Además, en el plano doméstico, es importante reforzar el marco legal europeo en cuanto a trazabilidad, con el fin de que sean los productos importados, y no solo los de producción local, los que cuenten con un distintivo que permita identificar su origen, en aras de una mayor transparencia hacia el consumidor final.

Transparencia, promoción y apertura a nuevos mercados son tres claves que pueden definir el futuro de un sector tan importante para nuestra economía.

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