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Países competidores desplazan la oferta española de cítricos en Europa

Egipto penetra en el Viejo Continente a base de bajos precios, algo que no ocurre con los cítricos de Sudáfrica, que se venden a precios más altos que los españoles.

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La exportación citrícola española atraviesa momentos delicados que están sembrando gran preocupación entre los empresarios que viven el día a día y, por ello, conocen de primerísima mano cómo se están desenvolviendo las cosas, en general bajo un denominador común: fuerte retraimiento de las ventas.

De este modo, y según publica este lunes el diario Las Provincias, tras años de crecimiento, con los lógicos vaivenes marcados por las fluctuaciones de cada cosecha, la actual campaña está marcada por un notable descenso de las cifras, que algunos califican sin tapujos de desplome. Y a diferencia de otras ocasiones, esta vez no se debe a contar con menos existencias propias que vender, lo que determina cierta relajación del ritmo, sino a la presión de otros países competidores, que están desplazando a la oferta española a base de precios más bajos y, en ocasiones, también a la connivencia de importadores aliados, claramente identificados con los intereses de los países expedidores, hasta el punto de que declaran sin pudor su preferencia por cambiar de proveedores.

La situación es grave porque no se debe a cuestiones coyunturales o pasajeras, sino que tiene un fondo estructural que puede marcar el futuro con peores consecuencias si no se reacciona a tiempo y se adoptan medidas que tienen que abarcar desde lo productivo y comercial hasta el ámbito político. La ‘retirada’ de los cítricos españoles se produce en casi todos los frentes, según declaran responsables comerciales consultados, tanto de empresas privadas como cooperativas. No hay cifras oficiales de conjunto que ilustren todavía esta situación de forma actualizada, salvo las correspondientes a los llamados países terceros, los de fuera de la UE, porque en este caso los datos de control de salida son de obligada información oficial.

En dicho segmento de países no miembros de la UE, a fecha 9 de enero pasado se habían exportado 88.713 toneladas, cuando en la campaña anterior, hasta igual jornada habían salido 117.770. Son 29.057 toneladas menos, nada menos que un 24,6% de descenso de un año a otro.

El tonelaje correspondiente a países de fuera de la UE es minoritario en el contexto general, quizás suponga menos del 5% del total, pero es significativo en cuanto a la tendencia, más aún cuando ésta coincide con la percepción general y con las cifras concretas de diversas empresas consultadas, que hablan de descensos de ventas de entre el 15% y el 20%.

Las pérdidas de mercados se centran de forma especial en naranjas, las grandes sufridoras en estos momentos, mientras que en clementinas hay descensos menores y se pueden justificar en cierta forma por la menor cosecha de Clemenules, la variedad reina.

También hay que tener en cuenta que la presión comercial de países terceros es mucho mayor en naranjas. Tal es el caso de Sudáfrica y otros orígenes del hemisferio sur, cuya presencia naranjera en toda Europa ha permanecido hasta finales de noviembre e incluso en algunos casos hasta bien entrado diciembre, lo que contradice totalmente las excusas de Bruselas y del propio Gobierno español, que evitaron tiempo atrás aceptar el peligro de la coincidencia de la fruta del hemisferio sur con la europea, asegurando que no habría solape de fechas, por lo que dieron por bueno el acuerdo preferencial que permite la libre entrada hasta mitad de otoño. No solo es que hay solape, es que la naranja de Sudáfrica aparta a la de España en los mercados de Europa. Y ahora viene a continuación el empuje de Egipto, que coincide plenamente con la mayor parte de la campaña española.

Con estos dos países se dan dos situaciones diferentes: Egipto penetra en Europa y aparta a España a base de precios bajos, porque tiene costes muy bajos; en cambio Sudáfrica no vende a precios bajos, sino más altos que los españoles. Aun así, consigue penetrar y apartar, con la ayuda de importadores de Holanda, Alemania, Bélgica, Reino Unido…

Entre tanto, los citricultores que se han quedado sin poder vender sus naranjas Navelina, o la tienen que dar a medio euro el cajón de 20 kilos, se preguntan qué está pasando. Pues lo que ocurre es que otros aprietan y los desplazan. Y al mismo tiempo se está produciendo algo que no es de general conocimiento, pero que algunos pocos empiezan a detectar: hay una falta de demanda general de naranjas y mandarinas, como un ‘cansancio’ del consumo que podría estar ligado con la exuberante presencia de toda clase de frutas, todo el año, y con la desgana por comprar algo que entre las nuevas generaciones se ha vulgarizando demasiado a base de precios tirados.

 

Fuente: Las Provincias

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