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«El sector bio es ahora una apuesta de futuro»

Diego Granado, secretario general de Ecovalia.

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Algunos estudios señalan que el objetivo de optimizar costes podría conllevar una pérdida de inversiones y de la calidad del producto final, pero este no debería ser el camino, ya que la innovación y la mejora de la calidad, en líneas generales, redundan en una mayor eficiencia de los sistemas productivos, lo que se traduce generalmente en una reducción de costes. El problema es que, de primeras, puede parecer que su implantación supone un sobrecoste, pero este es amortizado con creces una vez en funcionamiento. En el caso del bio, este axioma general se replica con el añadido de la mayor resiliencia de la producción ecológica respecto a la convencional. El uso de variedades adaptadas, de métodos de lucha biológica o la nula dependencia de fertilizantes químicos amortiguan en parte los efectos de la inflación; es por ello que el sector bio es ahora más que nunca una apuesta de futuro por su verdadera sostenibilidad ambiental, desde luego, pero también y no menos importante, económica.

Como ejemplo, hay que mencionar que existen elementos en la producción bio, que basa su filosofía productiva en muchos aspectos de la economía circular, que reducen costes aprovechando recursos propios o subproductos, incidiendo en una reducción de inputs externos. La clave está en analizar qué costes se reducen y cómo.

Además, la innovación y la aportación de valor añadido al producto es seña de las empresas bio, acciones que permiten acceder a mercados menos sensibles a las tensiones inflacionistas.

Precios
Si bien el sector ecológico no vive en una Arcadia feliz ajena al mundo que le rodea, tiene una ventaja respecto al convencional, y es la estabilidad en precios y márgenes; no hay unas subidas desmedidas al igual que no hay unos descensos abruptos. Muchas de sus prácticas tienen su base en la economía circular, con lo que la dependencia externa de inputs es menor. Hay una base fiel de clientes que no van a renunciar al producto bio, para los que la variable precio tiene una elasticidad mayor que en el convencional. Estas condiciones permiten al ecológico navegar algo mejor en estas circunstancias, al ser esa erosión algo menor en un sector menos dependiente. Otro aspecto clave es que hay que transmitir al consumidor el valor de la alimentación. La sociedad ha evolucionado a gastar 1.000 euros en un teléfono y escatimar en algo tan básico como los alimentos, que ingerimos tres veces al día, y su producción incide directamente en la economía y el medio ambiente de nuestro país.

Al producto bio se le ha achacado siempre ser más caro que el convencional, como si se estuviesen comparando productos iguales. Por ello, el sector ecológico lleva aplicando desde hace años la estrategia de explicar qué significa el producto ecológico desde su origen, qué aporta al bienestar medioambiental de la sociedad, en términos de salud y también para el desarrollo rural. Desde Ecovalia estamos poniendo el foco en este punto desde las diversas campañas de comunicación que lanzamos.

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