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Una genética más resistente

Bejo complementa su oferta de variedades caracterizadas por el sabor, desarrollando aún más su nivel de resistencias para la obtención de zanahorias más sanas, en respuesta a la demanda global.

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La casa de semillas se introdujo en España hace más de 25 años y lo hizo en la zona de Sanlúcar de Barrameda y Chipiona (Cádiz) con su variedad Mokum. Este material fue el primer híbrido de la compañía y siempre se ha caracterizado por su sabor dulce y muy apreciado en los mercados. Tanto que, hoy por hoy, esta variedad sigue comercializándose, adaptada a los formatos snacks, para mercados como Escandinavia y Holanda, muy exigentes en sabor.

Un hecho que se pone sobre la mesa para demostrar la fuerza de la genética de Bejo en lo que a sabor se refiere y que lo ha convertido en referente dentro del sector con variedades como Namur y Norfolk para pelado, Nerja en tipo Ámsterdam y Naval en Nantesa para manojo, y Bangor para industria.Para seguir aportando valor añadido, el objetivo de Bejo en los próximos años se centra ahora en el desarrollo de variedades con mayor nivel de resistencias.

Fruto de sus investigaciones, lanzan para esta campaña Novara y Nazareth en tipo Nantesa para manojo. Son dos variedades con mayor resistencia al “picado” y al mildiu. “El objetivo es que el productor tenga que usar menos tratamientos en campo y obtenga plantas más fuertes y saludables”, explica Manuel Romero, responsable comercial de la zona sur de España de Bejo. Novara y Nazareth están adaptadas para Andalucía Occidental, son muy productivas y cuentan con un alto nivel de grados Brix.

En esta línea de aportar materiales resistentes al mercado, Bejo está extendiendo de forma paralela su sistema B-mox, es decir, semillas pregerminadas y con un aporte extra de nutrientes que le ofrecen mayor fuerza a la planta. Como explica Manuel Romero, “su crecimiento es mayor en los primeros estadios porque sufre menos el estrés del calor y hay una menor tasa de mermas, ya que padece menos enfermedades durante el ciclo”.

Al presentar una mayor fortaleza que una semilla normal, tiene un valor añadido en precio, el cual se ve compensado porque se utiliza hasta un 15% menos de semillas por hectárea. El objetivo de la firma es que el 60% del cultivo se realice con este tratamiento en un plazo de tres años.

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