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Grandes desafíos en una campaña con buenas sensaciones

Cirilo Arnandis Núñez, presidente de la Sectorial de Frutas y Hortalizas de Cooperativas Agro-alimentarias de España.

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La encontramos como la dejamos. Ese podría ser el titular que resumiera el sentimiento existente en el inicio de la campaña de comercialización de nuestros cítricos. La pandemia está sirviendo para activar el consumo citrícola, y de hecho fue uno de los detonantes del agradable sabor de boca que dejó el final del ejercicio anterior, y que continuó con la entrada en el mercado de las producciones del hemisferio sur. Si a esto añadimos una producción sensiblemente menor –tocaba una campaña corta en producción-, se dieron las circunstancias perfectas para revitalizar un sector acostumbrado a no recibir muy buenas noticias desde hace demasiado tiempo.

Este escenario debería servir para extraer algunas conclusiones. Hace dos años se calificó la campaña como la peor de la historia, acuñándose el término “tormenta perfecta”, pues todo lo malo que podía pasar, pasó. La anterior a esa, exportando casi lo mismo, se facturó casi un 20% más. Ley de la oferta y la demanda, un poco más de orden o simplemente el devenir de los acontecimientos, vaya usted a saber. Lo cierto, y lo digo una vez más, es que, en el contexto de una organización interprofesional bien estructurada, todos podríamos salir beneficiados. A ello anima el ministro Planas, y el sector lo está trabajando.

Pero siendo importante, y si bien Intercitrus puede ser necesaria para el éxito de campañas futuras, no es suficiente. Como tampoco debe ser el único argumento, sirviendo de reproche hacia el sector, al que se acoge nuestro ministro de Agricultura cuando se le aprietan las tuercas. No cabe duda de que hay cuestiones que debe de resolver el propio sector, pero también otras que deben hacerlo en el ámbito de la Administración Pública. Lo que está aconteciendo con el “Cotonet”, y no solo en cítricos, sin soluciones eficaces es una cuestión que no puede recaer solo en el sector.

“ El sector citrícola europeo no demanda restricciones al comercio,

sino elementos que nos ofrezcan seguridad ante nuevas plagas”

Pero empecemos por el principio, por la previsión de cosecha. La comercialización citrícola dura ya los doce meses del año, entre producción propia y del hemisferio sur. La española incluye cada vez más variedades durante un periodo más amplio, pero la raya de la nueva campaña todavía se sigue poniendo el 1 de septiembre. En el pasado, se esperaba por esas fechas la aparición del político de turno para anunciar el inicio del ejercicio, una vieja costumbre que servía como puesta de largo de un sector que también vive de su imagen, y que se va perdiendo, quizás porque triunfe la tesis de quienes entienden que cuanto menos se sepa, mejor.

Sea cual sea el modo y el tiempo de ofrecer la información, los datos oficiales son los que más valor tienen. De momento, nos tenemos que mover en el plano de las percepciones. Si comparamos esta campaña con la anterior, podemos hablar de una discreta recuperación del volumen global previsto, con una mayor presencia del grupo de las mandarinas sobre las naranjas. El valor del 10% habrá que fijarlo en el eje de la balanza, pues habrá quien piense que no se llega y quien diga que algo más. Pero la comparación real debe ser, por eso de la vecería, con la campaña de hace dos años, en la que una parte significada de fruta quedó colgando del árbol. En este caso, el eje de la balanza podría estar en un descenso del 15%.

Ya sabemos que, en esto de la compra y la venta, unos quieren vender caro y otros hacen todo lo posible por comprar barato, pero en esta vorágine competitiva, lo cierto es que el mercado está más animado que nunca con una buena expectativa de la demanda. Y es que, percibir el consumo de cítricos como beneficioso para el sistema inmunitario, ayuda. A esto, el sector comercializador español, operadores privados y cooperativas, profesionales donde los haya, serán capaces de ofrecer un suministro efectivo y sostenido, a la vista de los datos sobre la calidad de la cosecha. Todo ello, unido a una pequeña posibilidad de solape de variedades, salvo algún momento puntual, genera un contexto que ofrece muy buenas vibraciones y en el que ganan todos, desde el productor al consumidor.

Más allá de las buenas expectativas en el plano comercial, la incidencia del coronavirus no ha hecho más que añadir dificultades a la planificación de la recolección y el manipulado en los almacenes. De una parte, el riesgo que entraña hace que toda medida de prudencia sea poca; por otra, el contagio por COVID-19 de cualquier trabajador puede desestructurar cualquier equipo de trabajo, e incluso partes sustanciales o significativas de una empresa. La inversión en seguridad es necesaria en este escenario, por lo que el coste al que han tenido que hacer frente las empresas es alto, tanto en dotación de recursos como en inversión económica.

No quiero acabar sin referirme a lo acontecido con la comercialización citrícola de nuestros colegas del hemisferio sur. El nivel de envíos detectados con plagas de cuarentena ha supuesto que Bruselas cierre la importación de Argentina, y que los operadores sudafricanos, de forma voluntaria y unilateral, hayan decidido finalizar su campaña de exportación a Europa, al menos de las variedades más significativas. Con ello se da la razón al sector citrícola europeo, que no demanda restricciones al comercio como indican los productores de países australes, sino tan solo dotarnos de elementos que nos ofrezcan seguridad ante el riesgo de contagios de plagas que hoy no tenemos, y para las que no habría remedio si llegasen.

Un hecho evidente es la incidencia del “Cotonet de Les Valls”, plaga procedente de Sudáfrica que se venía controlando con una sustancia, el metilclorpirifos, cuyo uso ha sido prohibido por la Unión Europea; sin embargo, no está prohibido al sur del Mediterráneo. No entro en los argumentos para su prohibición, pero lo que no es razonable es quedarse sin alternativa. Ni los productos químicos ni las feromonas autorizadas son eficientes con un determinado nivel de plaga, como el que se está padeciendo en algunas zonas en estos momentos. Y si nos referimos al depredador natural, cuya suelta masiva se ha autorizado, su producción todavía se puede calificar de testimonial.

Sin embargo, quiero acabar con una buena noticia: el dinero que debe llegar de Europa dentro del Plan de Recuperación impulsado por la incidencia de la pandemia. Es cierto que hay ámbitos en los que se está pasando muy mal, pero también estamos ante una oportunidad a la que nuestro sector tiene derecho.

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