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Escenario del sector hortofrutícola tras el COVID-19

José María Pozancos, director de Fepex.

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La pandemia y, en especial, el confinamiento, obligaron al sector de frutas y hortalizas a hacer frente a una situación excepcional, adaptando la organización de su trabajo a los protocolos sanitarios, y resolviendo además los problemas derivados de las restricciones en la movilidad de los trabajadores o la escasez de material de protección, lo que ha supuesto un incremento significativo de los costes de producción que se va a mantener en el tiempo y que puede llegar en algunos cultivos al 10%.

Pero además del COVID-19, el sector se enfrenta a problemas o retos sin resolver anteriores a la pandemia, entre los que destacan las crecientes exigencias medioambientales de la política comunitaria, como las planteadas en la Estrategia de la Granja a la Mesa, que en algunos ámbitos están alejadas de la realidad productiva; la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), o la globalización de los mercados.

El Brexit preocupa enormemente, ya que Reino Unido es el tercer destino de las exportaciones de frutas y hortalizas, y existe una absoluta incertidumbre sobre si habrá un acuerdo comercial o nos enfrentaremos a un Brexit duro desde el 1 de enero de 2021. Esta última situación supondría la aplicación de aranceles que dañarían el comercio y algo con consecuencias imprevisibles, que es la desventaja competitiva que un “no acuerdo” podría dejarnos frente a países terceros competidores con los que Reino Unido ya está firmando acuerdos comerciales.

 

“ Un ‘no acuerdo’ con Reino Unido nos dejaría en desventaja frente a países competidores con los que Londres ya está firmando acuerdos comerciales”

Otro de los problemas mencionados es la globalización asimétrica del mercado comunitario. Países como Marruecos compiten en productos y calendarios con las producciones españolas en el mercado nacional y comunitario. Y lo hacen sin que las condiciones de competencia sean las mismas, tanto en los aspectos productivo y laboral, como medioambiental. Ello conduce a que la importación española de frutas y hortalizas procedentes de este país haya crecido en los últimos cinco años un 94% en valor y la importación comunitaria lo haya hecho en un 42%.

Por ello, el principal desafío del sector es garantizar la sostenibilidad económica, para lo que proponemos medidas en cuatro ámbitos de actuación. En primer lugar, mejorar la organización del propio sector sobre la base de las organizaciones de productores y sus asociaciones, con el fin de que desarrollen las labores básicas que les asigna la Organización Común de Mercado: planificar la producción y gestionar las perturbaciones de mercado.

En segundo lugar, es necesaria la aprobación de una reforma de la PAC que corrija las desigualdades y distorsiones de la competencia que se dan en la actualidad, incluyendo a la generalidad del sector de frutas y hortalizas y de flores y plantas en el régimen de pagos directos, potenciando en los fondos y programas operativos las inversiones que tengan por objetivo mejorar los rendimientos y la productividad.

En tercer lugar, se requiere un plan específico y ambicioso de financiación de inversiones realmente transformadoras, acordes con el nuevo escenario provocado por la pandemia y la globalización de los mercados, con el fin de acelerar el proceso de reforma y transformación del modelo productivo para ganar en competitividad.

Y en cuarto lugar, es necesaria una política comercial que garantice un mínimo de preferencia comunitaria, recuperando, entre otras medidas, la eficacia del régimen de precios de entrada y que, además, sea coherente con la política fitosanitaria y medioambiental exigida a los productores comunitarios.

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