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¿Cuándo se reorganizará el sector citrícola español?

A pesar de la buena campaña 2019-20 vivida por los cítricos nacionales, se observa una fractura organizativa dentro de un sector con muchos retos a la vista, que necesita unión y fortaleza para poder superarlos.

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cítricos

Productivamente, el sector citrícola terminó la campaña 19-20 con una valoración positiva, condicionada sin duda por el efecto en la demanda de la pandemia. Ésta ha significado, con las cotizaciones más altas de los últimos años, una recuperación del potencial productivo nacional, debido a un aumento del consumo en la segunda parte. Además, España fue capaz de suministrar cantidades muy importantes de cítricos a la UE, como así lo demuestra el casi medio millón de toneladas exportado en el mes de marzo, un récord para dicho mes.

El Ministerio de Agricultura ha comunicado que en esta campaña se espera una cosecha de 7 millones de toneladas, según el aforo realizado. La producción total sería un 5% mayor que la media de los 5 últimos años. En este contexto, el sector citrícola español se encuentra con varios frentes abiertos sin una visión y empuje común.

De un lado, la reciente creación (octubre 2019) de la Organización Mundial de los Cítricos (WCO) ha desvelado una brecha en el sector. Unos consideran necesaria la participación en esta organización que representa a grandes jugadores del mercado internacional y en la que están presentes, entre otros, los productos de África del Sur; otros lo ven como una amenaza para una entrada más accesible del producto sudafricano en Europa.

Así, nos encontramos con posturas muy diferentes de organizaciones de gran peso representativo, como son el Comité de Gestión de Cítricos, Cooperativas Agroalimentarias, Ailimpo o Intercitrus, sin olvidar la fuerza que tienen las organizaciones agrarias sindicales. Ello hace que, lejos de aunar esfuerzos para una defensa e impulso organizada, las discrepancias separen más que fortalezcan los intereses comunes más básicos.

Para Inmaculada Sanfeliú, presidenta del Comité de Gestión de Cítricos, “la WCO atenta directamente contra nuestros intereses, no debemos estar ni nos interesa”. Bajo su punto de vista, sus promotores pretenden mostrar un acercamiento a los productores europeos con el fin último de eliminar las, ya de por sí insuficientes, medidas de protección fitosanitarias impuestas por la Unión Europea a las importaciones de terceros países. Inmaculada Sanfeliú subraya con fuerza que las prioridades del sector deberían ser la prevención y el control fitosanitario, frente al grave y creciente riesgo de importación de plagas foráneas.

La Asociación Interprofesional Española del Limón y el Pomelo (AILIMPO) es uno de los fundadores de la WCO. Argumentan que las decisiones se tomarán por unanimidad de los miembros, que es mejor estar presente que ausente, que permite tener contacto con los países competidores, disponer de la mayor cantidad de información no solo de los mercados tradicionales sino también en los potenciales y así tomar decisiones más correctas. “Tratamos de tener un enfoque muy global y España tiene que promover y liderar la iniciativa”, asegura José Antonio García, su presidente.

Tomás García Azcárate, experto analista del sector, aboga por no crearnos más problemas de los que ya tenemos, “el sector español es líder del hemisferio norte y debería actuar como tal”. Cree necesaria la incorporación de la naranja española a esa mesa, para tener la voz que necesita el sector y explicar y defender sus demandas e intereses.

Francisco Borrás, experimentado consultor agroalimentario, subraya complementariamente la necesidad de una estructura comercial más organizada, que permita dar salida a la producción nacional de una manera más eficiente, una necesidad para hacer frente a la competencia de terceros países.

Cirilo Arnandis, presidente de la Cooperativas Citrícolas Españolas, teme que este foro sirva para ejercer acciones de lobby en beneficio de los intereses de aquellos que desean acudir al mercado comunitario con fruta procedente países terceros, en detrimento de la producción comunitaria, y no suponga un lugar de encuentro donde se debatan y se concreten medidas que beneficien por igual a todos sus representantes.

Bajo este panorama, el sector se enfrenta a un final de 2020 con un Brexit sin acuerdo que afectaría directamente a la segunda parte de la campaña, para la que se temen las dificultades que ello pudiera acarrear al sector. No olvidemos que no existe un mercado alternativo que pueda minimizar el impacto que este cierre pueda suponer.

No sabemos cuándo se producirá la esperada reorganización, ya que es posible que “todos tengan parte de razón y que todos estén cometiendo errores”, citando a Cirilo Arnandis. Lo que sería bueno evitar es una polarización dentro de un sector con un futuro muy impredecible y del que dependen tantos agricultores.

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